Uruguay
hoy es tapa de la noticia mundial por la legalización de la marihuana y el
cultivo, la producción y distribución de la misma por parte del Estado.
Mientras
tanto Philip Morris International Inc, espera que se haga justicia.
Se
podría pensar que es una contradicción entre sectores gubernamentales,
producto, en el decir del senador del partido comunista Eduardo Lourier, de un
gobierno en disputa, que al parecer –es tan exacto lo de Lourier- no termina en
una gestión, sino que hace a la identidad del Frente Amplio: un Frente en
disputa que tiene de rehén de sus rencillas internas a toda la población.
Tabaré
Ramón Vázquez Rosas combate el cigarrillo y los tupamaros, con todo el Frente
Amplio a su favor, legalizan la marihuana.
La
noticia internacional se maneja con esquemas y estereotipias: deben creer que
el Uruguay es el país más liberal del mundo y no se dan cuenta que son cortinas
de humo para tapar el tema de la inseguridad ciudadana, la inflación en
ciernes, el desaceleramiento de la economía, el fracaso del Mercosur, la
actitud bochornosa ante el pueblo paraguayo, no respetando ni la reglamentación
del Mercosur, ni el derecho internacional.
Significativo
es el hecho de que Vázquez no diga esta boca es mía al respecto y que un hombre
que se pasa diciendo que no quiere ser Presidente, “pero ya que insisten” se va
a sacrificar por ponerle un rostro a fuerza tan difícil de controlar, lo único
que le preocupe son las críticas que le formula la senadora Constanza Moreira.
Lo
visualiza como individualista, personalista, caprichoso, adicto a gobernar sin
contemplar los equilibrios internos de la coalición que son allí por estricta
cuotificación política, como un hombre sectario que lo único que le importa es
el partido socialista y como Constanza Moreira no puede oponerse a la figura de
Vázquez, la emprende contra la posible Vicepresidenta, Mónica Xavier, también
socialista y tan o más sectaria que el mismo Vázquez.
Lo
de Constanza Moreira parece un lamento de infeliz para consumo interno, llamado
a terminar en el seguidismo de los petisos en política, de aquellos que carecen
de un mascaron de proa para medrar.
Vázquez
es el perfecto hombre de pantalla para un Frente a la deriva y, si se lo piensa
fríamente, es lo mejor que ha podido pasar en el Frente Amplio.
Últimamente
se puso a la derecha de los demás, porque sabe que puede decir cualquier cosa y
el que lo vota es alguien que no razona políticamente: quiere tener las manos
libres para hacer lo que se le antoja, sin los molestos cuestionamientos de una
fuerza que vive, como ya lo dije en anteriores post, de sí misma, esto es de
internismo.
Un
médico, que sabe lo que significa la marihuana, no puede estar de acuerdo. La
fuerza política lo desautorizó varias veces: con el aborto primero, luego con
el matrimonio gay y ahora con la marihuana.
El
nuevo uruguayo es un hombre menos ideologizado, más lineal y directo. Uno
percibe que frentista es eso que se va volviendo viejo, esquemático e
impermeable a las realidades concretas que hoy la realidad nos plantea.
Es
evidente que las encuestas tipo Cifra ponen al Frente Amplio como posible
ganador con mayoría parlamentaria en gran parte por la habilidad de los
tupamaros de complacer aspectos que tradicionalmente ellos mismos no aceptaban
en su momento: el homosexual, el aborto, la marihuana.
Significativo
es el hecho de que si el 62 por ciento de la población está contra la legalización
de la marihuana no se ve cuál es entonces la razón por la cual el Frente está
llamado a ganar por más de la mitad de la población. Es aquí que para evitar el
corrimiento a los partidos tradicionales, Vázquez mira para otro lado tratando
de capitalizar a tirios y troyanos y como esa determinación lo condena a la
incongruencia en política, se pone a la derecha de los demás. Esa es la jugada
política.
Todos
sabemos que plantar marihuana es más rentable que plantar productos agrícolas,
de modo que no es nada improbable que a medida que la forestación y la soja va
dejando menos espacio para la producción agropecuaria, la marihuana termine
siendo el gran negocio que el Estado uruguayo haga con empresas contratistas
bajo su control administrativo. La Constitución permite los arrendamientos y
contratos de obras a particulares, de modo que no es nada improbable que
estemos ante un cambio de la matriz productiva del país.
La
producción es del Estado, pero este arrienda a particulares la tarea y les paga
por el producido, como se hace en tantos sectores que el Estado controla. Es un
negocio que les quita el poder a unos para dárselo a otros y de allí sostener
la mafia institucional que le dé poder de continuidad a una fuerza política en perpetua
disputa interna y cada vez más alejada de la gente, como lo demuestra el
vallado contra los maestros en Plaza Independencia.