viernes, 5 de julio de 2013

Ponerle fin a la hipocresía tupamara.


        Todos sabemos que el hijo de una figura política importante, no tiene nada que ver con su padre, aunque lleve su apellido. Donde rige el derecho materno lleva el apellido de la madre, pero donde rige el paterno es al revés.
        Sería más apropiado a mi entender que rigiera el derecho materno y en ese caso si el apellido no lo ayuda es por causas distintas a la política.
        Todos sabemos que el hijo de Gabriel Terra, cuando el padre dio el golpe de Estado tuvo una discusión violentísima y le tiró una maceta en la cabeza. Lo mismo el hijo de Rapela que tenía violentas discusiones con el padre y le decía de todo.
        Lamentablemente, el Uruguay es el país de los apellidos y lo mismo que a muchos les ayuda para otros es una complicación.
        Más allá de eso hay un hecho concreto en lo que viene a demostrar esta conmemoración de los 40 años del golpe de Estado.
    Agarrársela con Pedro es fácil, en cambio agarrársela con Emílio Garrastazu Médici, es la difícil, porque es precisamente lo que no les conviene hoy por hoy a los tupamaros y a esos amigos de la vieja orientación de Carlos Marighella y la guerrilla urbana en Brasil.
        El golpe no fue, como bien se ha dicho, un rayo en trueno sereno, algo horrible en el país de la armonía y la concordia. Se lo vio venir. Se sabía y era cuestión de meses y de días.
        De lo que nadie quiere hablar en todo esto es del rol que jugó Emílio Garrastazu Médici. Si no fuera por él, la subversión tupamara no hubiera podido ser vencida, porque tanto la policía como el ejército estaban desbordados y sin recursos logísticos necesarios.
        Garrastazu Médici invierte 3 millones de dólares de aquella época, el equivalente actual a 30 millones de dólares, para combatir la subversión.
        Hay gente aquí que de tanto mirar a la Argentina, no se dio cuenta o hace como que no sabe, que Brasil también existe.
        Fue presidente del Brasil entre 30 de octubre de 1969 y 15 de marzo de 1974. No era indiferente a nuestra realidad. La madre era uruguaya, nacida en Paysandú.
        Conocía la política local, desde los cargos de responsabilidad que tuvo que ocupar. Cuando el golpe del 64’ fue designado jefe del 3º Ejército, unidad militar basada en Porto Alegre.
        Fue recién cuando Artur da Costa e Silva quedó incapacitado desde agosto de 1969, que la junta militar designada para ejercer el mando presidencial realizó una serie de consultas entre los jefes de las fuerzas armadas para seleccionar un nuevo presidente, y recayó la elección en Médici.
        Era un hombre con autoridad de mando. Logró la reapertura del Congreso cuando llega a la Presidencia, pese al hecho de que un año antes Costa e Silva, lo había clausurado.
        Más allá de ese gesto democratizador, Médici consagró la mayor parte de sus esfuerzos a reprimir severamente la oposición de izquierda contra el régimen. En aquella época raptaban embajadores como forma de chantajear al gobierno y como Brasil es muy sensible a la presión internacional, transaba en una situación tal en donde, como se dice vulgarmente, la guerrilla les había calzado los puntos.
        El gran triunfo en la lucha contra la subversión fue la caída de Carlos Marighella en una emboscada policial. Escribía desde una Iglesia sus tesis sobre el guerrillero urbano y dirigía los operativos más inconcebibles desde allí: al salir un día es asesinado. Fueron años de plomo.
        No quiso destituir funcionarios públicos que venían de la época de Goulart, pero si supo hacer de la cuestión nacional y patriótica un motivo de enfrentamiento a la izquierda brasilera de la época.
        Brasil en esos años era un país estancado económicamente. Con Garrastazu Médici se inicia una época de obra pública, viviendas estatales para la clase obrera y subsidios importantes para una industria paralizada. Durante su mandato comenzó a crecer de tal forma el Producto Bruto Interno que a ese período hoy se lo apoda, “el milagro brasilero”.
        No nos olvidemos, son los tiempos de la Represa de Itaipú, en donde Brasil al final transa y carga con el costo millonario del emprendimiento hidro energético más grande de todos los tiempos. Hoy Paraguay quiere rever mucho de aquel acuerdo, pero durante mucho tiempo el gran favorecido fue el país guaraní.
        El Estado de San Pablo está abastecido por la Represa de Itaipú y estamos hablando de un Estado de 40 millones de habitantes, el equivalente a toda la población argentina.
        Estaba en materia política dispuesto a comprometer a su país en el derrocamiento de Allende; si otros no actuaban, lo haría directamente Brasil. En el plan de Garrastazu Médici en el tema Allende, Brasil se comprometía a sostener la economía chilena con créditos blandos hasta que lograra revertir la parálisis que el estatismo socialista le generó a su industria y además utilizaría toda su diplomacia –la más calificada y tecnificada del mundo- en contrarrestar la campaña opuesta al derrocamiento de Allende.
        Esta conciencia de estar ante una situación insalvable que exigía la adopción de medidas drásticas, la tuvo también con el tema Uruguay.
        Pregunto yo: Estos expertos de izquierda que quieren inventar la historia, por qué no dicen nada de la figura de Emílio Garrastazu Médici y salen a manosear a los otros, nada más que por su apellido.