La
información que viene de Chile confirma lo que vengo diciendo. El Partido
Demócrata Cristiano, que en su momento fue un baluarte contra la dictadura, hoy
es un apéndice del bacheletismo.
Como
el árbol no los dejó ver el bosque hoy lo único que busca son cargos obtenidos
de la peor forma, de aquella que se mendiga al líder o la líder máximo. El o la
líder da cargos y como los da, los quita, en el preciso instante que la base
social cambia de preferencias en política.
Programáticamente
es un sector del centro izquierdo inocuo que no tiene nada que ofrecer y por
ende está llamado a desaparecer.
No
es que haya perdido identidad. Es mucho peor lo que le ocurre, perdió razón de
ser en política.
Bachelet
tiene que convencer a la gente para transitar el camino de un cambio de
Constitución. Las constituciones no se cambian a impulsos de una muchedumbre
que se siente victoriosa, sino en función de acuerdos políticos amplios que
abarcan a toda la sociedad y sus agentes políticos, económicos y sociales
intervinientes.
¿Puede
Bachelet cambiar a su antojo la Constitución chilena? Parece una apuesta
demasiado alta a las expectativas de un triunfo en donde 3 de cada participantes
en la interna no fue ese día a votar.
Convencer
a esa gente de que el cambio de Constitución es lo esencial es una operación
bastante difícil, por el hecho simple de que no se ve con claridad que la Carta
Magna tenga algo que ver en los grandes temas de la macro economía.
Cambiar
la Constitución implica también modificar aquellas leyes que a impulsos de la
anterior se tornan inconstitucionales luego del cambio.
Si
para gobernar ahora hay que cambiar la Constitución, ¿por qué no había que
cambiarla en el 2006-2010 cuando Bachelet gobernaba por primera vez? ¿Qué tiene
de distinto este momento político con aquel en donde fue electa Bachelet? Estamos hablando de 7 años de diferencia no de un siglo ¿Por
qué ahora un cambio de Constitución? Huele feo. Huele a Chávez.
En
política no se le puede decir que sí a cualquier cosa, so pena de caer en las
más terribles incongruencias.
Que
un militar golpista le plantee a sus partidarios un cambio de Constitución es
algo que eriza la piel, pero es coherente con lo que viene representando, en
cambio que una Presidente que gobernó con una Constitución y que ahora aparece
como figura prestigiosa por una gestión que la gente no avaló, pero que al
parecer ahora reivindica, se descuelgue con un cambio de Constitución, es algo
que no cierra.
Si
la Constitución chilena es mala ahora, porque fue buena cuando Bachelet
gobernaba.
Chile
me hace pensar porque se parece mucho al Uruguay. Aquí se han pasado la vida reformando
la Constitución y eso en vez de ser un progreso lo que ha hecho es convertir el
edificio jurídico uruguayo en una suma tan grande de contradicciones, que un
juez cuando procede puede hacer virtualmente cualquier cosa, porque tiene leyes
de diversa índole en vigencia e inconstitucionales de distintas épocas. Todo es
cuestión de dar con el inciso que en este momento a alguien le viene bien.
Creo
yo, ni se legisla a golpe de balde, ni se cambia de Constitución como quien cambia
de perfume o de marca de cigarrillo.