martes, 30 de junio de 2009

EL TRISTE PAPEL DE LAS ENCUESTAS EN ESTA HORA INCIERTA


Es un hecho que las encuestas han fallado, por más que dichas empresas quieran arreglarla con el fácil argumento de que embocaron específicamente, en quien iba a ser el candidato único de cada partido.

Embocar a ese nivel es una cosa, decir bajo qué margen dicho candidato gana es otra bien diferente.

Pero no solo eso, erraron también en la participación de voto y cometieron una serie de errores que son significativos de lo que podríamos llamar, una manera de manipular a la opinión pública.

Así vemos ahora, con las cifras a la vista, que 46 por ciento fue el porcentaje que recibió el Partido Nacional, cuando todas las encuestadoras subestimaron a dicho voto. Decían un 35 por ciento o un 37, la más aproximada fue Factum que le dio un 41 por ciento.

41 por ciento fue el porcentaje de votos que sacó el Frente Amplio, cuando todas las encuestadoras lo sobreestimaron y le daban un 47 por ciento, algunas o un 45 por ciento, otras. Cierta prensa oficialista, trepidaba junto a Telemundo con la Encuesta de Radar, el 3 de junio de 2009, faltando 24 días, esto es, teniendo ya todas las cartas sobre la mesa, con la falsedad absoluta de que el Frente Amplio superaba a la suma de los tres partidos de la oposición, por más de siete puntos y en su rara manera de trabajar, decía cosas como que el Frente Amplio tenía el 46,7 por ciento; el Partido Nacional el 31,6, cuando tuvo el 46 -forma gruesa de equivocarse- y al Partido Colorado le daban un 7,7 por ciento, cuando tuvo el 12 por ciento. Según Radar y sus voceros, a saber La República y Telemundo, el Frente Amplio tenía un crecimiento sostenido. A Astori que sacó el 40 por ciento en la interna, le daban un escuálido 27 por ciento, a Larrañaga que sacó un 43 por ciento, le daban un tímido 32 por ciento y a Amorín Batlle en el Partido Colorado, que sacó el 15 por ciento y es el segundo más votado después del arrollador triunfo de Bordaberry, le daban un 3 por ciento. Digo yo: Se puede ser más ineficiente como encuestador.

Con respecto a la intención de voto cometieron el error más grave de todos. Dijeron que en el Frente Amplio y el Partido Nacional era del 60 por ciento la voluntad de participar y en la última semana dijeron que era del 80 por ciento. En realidad fue del 44 por ciento, porcentaje menor al de 1999 en el que votó el 54 por ciento del padrón electoral y también más bajo que el del año 2004 en el que votó el 46 por ciento de los electores habilitados. El argumento que usan al respecto es que muchos mintieron sobre la decisión de concurrir a las urnas, pero cuando uno ve el despiole fenomenal que tienen a la hora de cuantificar a cada candidato, dicho argumento se relativiza, porque si bien puede ser cierto que la gente diga que va a votar a alguien y luego no concurra ese día, es improbable que con esas cifras exista alguna razón crítica en lo que se está haciendo. Embocaron con el ganador de cada partido, pero no dieron pie en bola, con el rango bajo el cual se ubica ante los otros.

Si uno analiza el contexto bajo el cual operan las encuestas es fácil entender la razón por la cual obran así. Son los mismos que decían que Hugo Batalla era la mayoría dentro del Frente Amplio, cuando fue un hecho que no logró capitalizar para sí ningún voto frentista el día que se fue de allí: son los mismos que decían que Zumarán era el seguro heredero de Wilson Ferreira Aldunate, cuando tuvo una bajísima votación, que no le permitió ni siquiera acceder a una banca parlamentaria. Es evidente que las encuestas operan de un modo tranquilizador para los gobernantes de turno de modo de no decirles nada que los pueda poner nerviosos.

Pienso que en el futuro debiera existir una ley que reglamente las encuestas y que impida que se manipule a la opinión pública con un año de anticipación a lo que en definitiva es un pleito de carácter interno en cada partido. El voto, creo yo, no es una pedrada que se tira contra otro, sino una profesión de fe, en aquello en lo que uno quiere, cree, coincide y defiende.