lunes, 20 de marzo de 2017

La educación ante el cambio tecnológico



        Hoy estamos ante una inminente segunda generación de máquinas, pensada para después de 2020.
        Esto significa que muchas profesiones y trabajos que hasta ahora no se habían vistos afectados por el cambio tecnológico y más que eso, beneficiado, se van a ver en dificultades de diversa naturaleza.
        Se habla, por ejemplo, de que ahora el cambio tecnológico va a afectar no ya a las fábricas automatizadas como en otro tiempo, sino a los trabajos de carácter administrativo. Todo el proceso de tramitación ya comienza a ser digital.
        Sin embargo, hay aspectos que no se tienen en cuenta cuando se aborda el próximo salto cualitativo que la tecnología de hoy en día tiene planteado para dentro de unos años.
        Tomemos el caso del periodismo que todos sindican como el más afectado por éste cambio. Es verdad que el periodismo digital afecta a la prensa escrita y que a los diarios les costó mucho “competir digitalmente consigo mismos”, hasta el día que entendieron que internet potenciaba mejor la venta. Va a existir menos prensa escrita, pero la existente ya se está beneficiando con Internet que oficia de vocero propagandístico, en donde también hay avisadores.
        Tradicionalmente, la prensa no vivía del tiraje, sino de los avisadores y ese hecho es válido también para Internet.
        Hoy en día quien no está en la red, no existe.
        Lo mismo ocurre con los escritores. Las editoriales no quieren que el libro esté en la red hasta que hubo gente que entendió que un libro que se regala en Internet, aumenta sus ventas en las librerías.
        Recuerdo que una vez, cuando trabajaba como vendedor de libros, le pregunto al jefe de ventas: “Pero habiendo tantas documentales sobre la Segunda Guerra Mundial ¿Quién va a comprar una enciclopedia ilustrada sobre ese tema?” Y me contesta, “ese es tu error. No te hacés idea de la cantidad de gente que después de ver una documental quiere leer un libro”.
        Decir que en el futuro va a desaparecer la escritura y los lectores, porque el video vino a llenar esa necesidad es totalmente equivocado. El video vino a generar y renovar esa necesidad. Hoy se imprimen 20 mil libros por año.
        El tema más paradigmático de todos es la computación, que como bien sabemos fue pensada para optimizar la tasa de ganancia empresarial ahorrando mano de obra, en el preciso instante que los mercados sobresaturados de mercancía dejaban de comprar. Sin embargo, pese a esa intención, hoy no se concibe un puesto de trabajo sin un ordenador. Si el empresario quiere tomar a dos empleados más, tiene entonces que comprar dos computadoras más.
        Conocí vendedores de máquina de otra época que al computador le llamaban “puesto de trabajo” o “estación de trabajo”.
        Según Bill Gates en su interesante libro “El Comercio Electrónico” en el futuro sostiene, va a ser la principal fuente de ingresos en la balanza comercial; hecho que se puede constatar en la amplitud que va tomando el teletrabajo.
        El tema que nadie analiza cuando agita el cuco del fantasma tecnológico es que existe mercado de bienes y servicios porque existe mercado laboral. Que la mano de obra globalmente considerada tenga que ser flexible y que ya no se conciba una enseñanza taylorista del tipo “Zapatero a tus zapatos”, como era en otro tiempo, no significa que eso conlleve una disminución de puestos de trabajo sino antes bien una readecuación de la masa laboral.
        El tema de fondo en este gran desfasaje de la educación de cara al cambio tecnológico es el hecho de que uno viene de la época fordista en donde la enseñanza era taylorista. Fue importante en su tiempo. En aquella época se sostenía que quien hizo escuela solamente era el obrero manual. Quien llegó hasta liceo podía ser administrativo. Quien terminó bachillerato, podía aspirar hasta mando medio y quien concluyó la Universidad le correspondía ser directivo. Esa es la causa por la cual la escuela y la fábrica estaban juntas.
        La enseñanza primaria era una fábrica de obreros manuales, en un entorno en dónde el 25 por ciento de la masa laboral activa eran obreros fabriles.
        Esto implicó una enseñanza taylorista, según la cual las tareas más difíciles se dividen en otras más simples y se segmenta y compartimenta al trabajo. Se estandarizan los procesos industriales y se produce a escala como manera de acelerar la productividad. Los encargados y capataces debían vislumbrar la mejor forma de realizar una actividad. Se seleccionaba y entrenaba a los mejores trabajadores para cada cosa. Se medía el rendimiento y con técnicas de la psicología experimental se estudiaba al trabajador como si fuera una máquina alimentada por dinero. También se pagaba en función del rendimiento.
        Esto cambió dramáticamente en lo que va de los años 80’ en adelante y en los 90’ el trabajo se vuelve flexible, lo que significa que ya no es tan importante “el técnico”, sino el trabajador que domina toda la actividad, que era justamente lo que Frederick Taylor quería evitar a toda costa. No solamente él, también en Alemania Georg Simmel tenía ensayos sobre la importancia de la compartimentación del trabajo.
        En el Uruguay parecen no haberse dado cuenta de la verdadera naturaleza de lo que cambió y siguen educando para un mundo que ya no existe. Confunden la amplitud tecnológica y la flexibilidad en el manejo de las nuevas tecnologías, con la estrechez reduccionista del tecnicismo tecnocrático.
        Esta es la causa por la cual a nivel de la psicología laboral y de las organizaciones, hayan surgido otras visiones como la de Elton Mayo. Es indudable que para sostener, en otro momento del proceso productivo, que los factores emocionales influyen en el rendimiento del trabajador, que hay que entender los grupos informales internos y la presión que ejercen, que hay que prestarle atención a la gente para que trabaje mejor y priorizar la cohesión del grupo, no es porque los empleadores se hayan vuelto humanistas, sino porque la tecnología al resolver lo mecánico y repetitivo superó la mirada taylorista, no porque Frederick Taylor hubiera sido malo en su tiempo.
        Lo mismo se podría decir de la educación; que lo emocional es esencial en el proceso de aprendizaje, que los alumnos forman sub grupos de amigos y estos ejercen una presión sobre el educando, que una clase debe ser brindada haciéndoles sentir que son parte de un grupo cohesionado que trabajan y estudian en equipo y que el educador debe estar atento a las diferencias individuales del educando. Se llega a esta visión, no porque aquella enseñanza de otro tiempo fuera mala, sino porque la tecnología exige hoy nuevas destrezas en el relacionamiento de los equipos de trabajo, desde que lo rutinario, ya no tiene la importancia que tuvo.
        Más allá de esto es evidente que las profesiones humanísticas que hasta ahora eran la pariente pobre de la educación laboral se van a ver mejor posicionadas. Profesiones como psicólogo, político, historiador o predicador no van a tener ese problema. Aunque parezca una paradoja, ésta tecnología pone al humanismo en el centro de las cosas. También está el hecho de que ante una sociedad envejecida como lo que estamos viendo a nivel mundial, profesiones como acompañante de ancianos o de enfermos, van a tomar otra fuerza.
        Un capital que no tiene frente a sí al trabajo es un capital que no encuentra a quien venderle nada.
        El desafío por lo tanto pasa por la educación y no por echarle la culpa a los robots o a los inmigrantes, que son justamente quienes hacen los trabajos que a nadie le gusta realizar.
         El educador de hoy se da cuenta del desfasaje enorme que existe y tiene las mismas dudas que tenía aquella gran educacionista uruguaya que fue Reina Reyes, cuando se preguntaba angustiada “¿Hacia qué futuro educamos?” Famoso texto en su tiempo, que hizo época. El tema es que el pedagogo no sabe qué hacer ante el vértigo que genera el cambio tecnológico de nuestros días y más que eso, ante el bajo nivel cultural del educando actual.
        Como decía Alvin Toffler “Vivimos en un mundo en donde el que se automatiza pierde, porque cualquier tarea automática es perfectamente robotizable”. Enseñar hoy exige conceptos generales y no mamotretos memorísticos, como en otra época, porque no hay que perder de vista lo que decía Wilhelm Dilthey, uno de los padres de la pedagogía moderna: “Enseñar es educar para la vida”. Con un simple click en Google se obtiene la información que nos habíamos olvidado.
        Uno de los grandes errores que comete la pedagogía de la informática, que es un poco el buque insignia del cambio, como demuestra Bill Gates es el hecho, fácilmente constatable, de que en vez de enseñar a estudiar con la informática, quiere enseñar la informática y si bien los técnicos son importantes, el educando debe en su ciclo lectivo ser más que nada un usuario, pero no cualquier cibernauta, sino un usuario inteligente. Debe valerse de ella para aprender y no obsesionarse por como están hechos los programas.
        La tecnología resuelve lo mecánico, lo supera y trasciende, termina con el maquinismo tal como fue concebido desde 1850 en adelante y plantea el saber servirse de ella. Esa es la causa por la cual hoy en día, en nuestro país, constituya un área laboral de desempleo cero y sin embargo, es muy difícil encontrar empleados. A quien le gusta, la estudia, pero el resto debe saber aprovecharse de estas herramientas para estudiar y trabajar.
        Es un hecho que esto no lo puede brindar la enseñanza formal y para eso están las Academias particulares y allí son los padres quienes deben darles a sus hijos esos estudios complementarios.
        En otro tiempo al salir de Preparatorios, lo que hoy es 6º año de liceo, uno iba a las academias a estudiar máquina, inglés, contabilidad y taquigrafía, porque la enseñanza formal no brindaba esos conocimientos y el inglés que se impartía era muy rudimentario. Hoy en día ocurre lo mismo en otro nivel del desarrollo tecnológico. Lo que antes era máquina y saber escribir con los 10 dedos, hoy es el computador propiamente dicho y el dominio no ya del teclado, sino de Word, que además de ser un procesador de textos es la puerta de entrada al sistema operativo. Lo que en otra época era contabilidad hoy es el manejo de la planilla electrónica Excel que puede ser complementado con algún programa de contabilidad mecanizada. Lo que en su tiempo era taquigrafía hoy lo son los sintetizadores de voz y los selectores de palabra. Lo que fue inglés, si bien sigue siendo importante, puede paliarse esa insuficiencia con los traductores de Google. Es más, se puede poner un texto en inglés en el sintetizador de voz y escucharlo como forma de no perder los conocimientos adquiridos en otra época.
        Eso es lo que la enseñanza formal ni ayer, ni hoy, pudo brindar y solamente lo ofrecen las academias particulares. Lo que sí puede y debe dar la enseñanza pública o privada, pero obligatoria, es a valerse de la informática para aprender y enseñar.
        De cara al cambio tecnológico, que ya es una realidad cada vez más vertiginosa, evidentemente, son los educadores, quienes más precisan educación.





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domingo, 19 de marzo de 2017

Sobre marxismo y leninismo



        Más allá de las ponderables que impone la agenda política cotidiana, hay temas de carácter ideológico y filosófico que merecen ser discutidos. Uno de ellos, entre los tantos, es el tema del marxismo y el leninismo.
        El marxismo puro, tal como sale de las manos de Marx y Engels, sufre una contradicción irresoluble. Por un lado es determinista, está convencido que sólo cuando se den las bases materiales para una sociedad más justa, será posible el socialismo.
        Éste determinismo fue lo que hizo que Plejanov, el introductor del marxismo en Rusia, cuando la revolución bolchevique, estuviera en contra. Querían matarlo y Lenín, que había tomado clases de marxismo con Plejanov, le salvó la vida. Dijo: “A éste no, cumplió con una etapa”.
        Plejanov pensaba así, porque en una reunión hablando con Engels, éste le dijo: “En un país atrasado y semi feudal como Rusia, no tiene sentido el socialismo, sería un retroceso. Socialismo tiene que ser en Alemania, que es industrial y avanzada. Ahí sí, es posible construir las bases materiales de una sociedad más justa”.
        Lenín, ese hombre caucásico humillado, no podía pensar así y estaba convencido que las bases materiales podía crearlas el Estado revolucionario. Cuando toma el poder llama a un ingeniero norteamericano para crear la electrificación rural y se desentiende de las reuniones con sus camaradas. Un día lo llaman y le dicen: “Lenín qué es para usted el comunismo que no viene nunca a las reuniones”. Y éste les contesta: “El comunismo es el comunismo, más la electrificación rural”. Lo que quería decir estaba claro, sin bases materiales, sin electrificación rural, no es posible plantearse nada.
        Lenín todo a lo largo de su producción intelectual trata de demostrar que él es el marxista verdadero y que los demás son “reformistas”, “liquidacionistas”, hombres que vienen de la clase media, la pequeño burguesía.
        Aquí vemos una clara contradicción en el marxismo, entre ese determinismo, en donde inexorablemente y más allá de la voluntad humana ha de desaparecer el capitalismo, y el voluntarismo todo el día haciendo huelga y llamando a la lucha.
        Si las circunstancias objetivas sobre determinan el fin de un sistema, qué sentido tiene ese voluntarismo tratando de derribarlo. Mejor quedarse en la casa y esperar a que las cosas se den solas.
        Está contradicción que tiene el marxismo entre determinismo y voluntarismo, lo convierte en pesimista hacia atrás y optimista a futuro.
        Se ha dicho, no sin razón, que donde el creyente católico pone el espíritu que sopla donde quiere, el marxista pone la materia. Ser así es como rezarle a la santa materia para que acelere las condicionantes objetivas. Son como los macumberos; materialistas porque tocan madera.
        Peor que eso, se les antojó que la dialéctica existe en la naturaleza y en realidad las contradicciones existen en la mente cuando piensa. El día no es lo contrario de la noche, el día es día y la noche, noche. El Sol no es lo contrario de la Luna, ni la mariposa lo contrario del gusano, ni el vapor lo contrario del agua. Son objetivamente cosas distintas, aunque vengan de un proceso circular.
        Lenín va a tratar de emparchar esta contradicción, esta aporía irresoluble y va a hablar de la generación del factor subjetivo, que significa cinco cosas: Dirección, organización, conciencia, programa y voluntad, que se daría en un sector de la clase obrera conciente, capaz de liderar, de acaudillar un proceso pre revolucionario.
        Lenín entiende por factor objetivo, “el estado de ánimo de las masas”. Es evidente, que el dictador soviético, era un gran voluntarista, que queda paralizado después del año 20’ cuando se encuentra que “las masas ya no buscan una salida”.
        Cualquiera entiende que la visión marxista y leninista es una óptica completamente equivocada de ver el mundo. Porque si la clase trabajadora industrial es el demiurgo, el factor creador de la historia ¡Qué lugar ocupan entonces los robots! En todo caso los ingenieros son los únicos que pueden crear las bases materiales de una sociedad mejor.
        Cómo se puede apreciar tanto el marxismo como el leninismo son falsos.
        Ni los obreros empuñaron las armas contra los patrones después de la Primera Guerra Mundial, ni el capitalismo cayó después de la crisis del 29’. Lo cual demuestra que la interpretación marxista, además de falsa, confunde deseo con realidad. La crisis económica genera sumisión y no rebeldía y vuelve a la gente pasible de cambiar principios por lentejas. En una hambruna colectiva, para sobrevivir tuvieron que negar las razones del vivir y fueron a parar al totalitarismo y la dictadura, tanto socialista como nacional socialista, da igual.
        Todos nos hemos preguntado ante esto, durante muchos años, cómo puede ser que una cosa tan equivocada como el marxismo y el leninismo hayan convocado a tanta gente a nivel mundial.
        Hay varias razones; porque funciona como una epiteoría más allá de cualquier teoría y todo lo que toca lo reinterpreta como quiere y fundamentalmente, porque le dio al obrero fordista un sentido de pertenencia del rol que juega en la sociedad y la producción.
         El socialismo terminó siendo la utopía de los infelices.
        Caído el Muro de Berlín en América Latina hay gente que quiere reinventar el socialismo y comenzó a hablar de un supuesto Socialismo del Siglo XXI, para no asumir responsabilidad de las barbaridades del Siglo XX.
        Conceptualmente no aportan nada al debate histórico y lo único que sí efectivamente fueron, fue ser el socialismo de los señores feudales y narcotraficantes venezolanos.
        Hoy es éste el tinglado que se cae a pedazos y están nerviosos, porque lo único que supieron hacer fue robar desaforadamente, disfrazados de falso pobre en la retórica de un curita laico, que hace pobrismo lumpen, porque ya no puede reivindicar a una supuesta y mítica clase obrera.

 

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miércoles, 8 de marzo de 2017

Sobre comunismo, fascismo, Frente Amplio, peronismo y otras sorpresas

         Muchas veces nos hemos preguntado cuál es la diferencia entre el comunismo y el fascismo.
Si se los mira desde un ángulo histórico, exceptuando la época del pacto Ribbentrop-Mólotov, han estado enfrentados en forma mortal. Pero cuando se los analiza desde el punto de vista político institucional, queda claro que ambos extremos en apariencia son totalmente anti democráticos y totalitarios. Esta forma de mirar, exclusivamente en términos institucionales, es la que afirma que en el fondo, fascismo y comunismo, como extremos políticos, en realidad están muy cerca el uno del otro.
         Sin desmentir las anteriores, que algo de razón expresan, cabe otra forma de encarar la relación entre fascismo y comunismo.
         Facio es una palabra italiana que significa literalmente “haz” y se refiere a un haz de varas, lo que si se lo extrapola significa en sentido figurado “liga” ,  y que constituía una traducción italiana de la palabra fasces, símbolo de la autoridad republicana en la antigua Roma. Mussolini la usó, poniéndole a su movimiento fascismo, en el sentido de un haz de corporaciones, de ligas.
         El fascismo es básicamente eso, un corporativismo. Este consiste en defender a toda costa los propios intereses profesionales, sin importar ni la justicia, ni las implicaciones o perjuicios que eso pueda ocasionarle a otros.
         El fascismo en tanto supra corporativismo o haz de corporaciones lo que buscaba era armonizar los intereses de las diversas corporaciones.
         En aquella época hubo fascismo, porque la clase media acomodada estaba a la derecha y se había vuelto, como sostenía el brillante historiador argentino, José Luis Romero, “muy señoritista” o incluso aquellos sectores de clase media que no estaban de acuerdo con ese señoritismo eran mal vistos por los trabajadores manuales. Como decía Mario Benedetti: “Él, quería el bien del pueblo, él, estaba con ellos, pero ellos siempre le reprochaban sus ropas de señorito”.
         Esa conciencia muy aseñoreada y elitista es la que hoy no existe en las capas medias que se pusieron a la “izquierda” y elogian de cualquier lado, lo que en su propio país no permitirían.
         Por eso y aunque estamos al borde de un golpe civil y están dadas todas las condicionantes corporativas para el fascismo, las cosas no se dan de ese modo. Les falta el apoyo de las capas medias, sin el cual la alta burguesía, no puede gobernar.
         Lo que le está ocurriendo a Donald Trump, que ojalá culmine su mandato, es bien claro de esto, es la clase media norteamericana quien lo rechaza, como se puede apreciar en las manifestaciones que suscita en su contra.
         El comunismo es otro corporativismo, pero a diferencia del fascismo que lo es desde arriba, ellos lo son desde el llano. Por eso fracasan, porque apuntan hacia abajo, hacia el sindicalismo y la parte más ignorante y bestial de la masa trabajadora atrasada.
         Cuando uno analiza el funcionamiento del Frente Amplio puede apreciar que es netamente un corporativismo de clase media baja y sin operadores económicos, sin “la burguesía nacional”, que el fascismo sí pudo unificar. En cambio el peronismo argentino es claramente un fascismo con todas las de ley, porque pudo unificar a los operadores económicos y convertir el sindicalismo en una corporación más, con independencia de los intereses de la gente y a su pesar.
         Se puede desde éste ángulo sostener que comunismo y fascismo son lo mismo en tanto corporativismo, pero también aquí hay que dualizar las cosas con más detenimiento. El comunismo cuando se impuso en Europa del Este lo hizo sostenido por los tanques rusos y para imponerse en Cuba o Venezuela tuvo que disfrazarse de democrático. Hoy si se sostiene es por el Ejército.
         La diferencia aquí también es clara: Mientras el fascismo hace capitalismo de Estado, los comunistas hacen capitalismo en un solo país y con una burguesía de amigos, plutocráticamente desde el Estado liquidan al sector privado. Es una tecno burocracia que gobierna con comisarios políticos. Error que no comete el fascismo clásico. Esa es la causa por la cual del fascismo se vuelve a la democracia y en cambio del comunismo el camino es de no retorno. De España, Portugal y Grecia fascistas se volvió sin trauma al estado de Derecho, pero de Cuba y Venezuela ¿De qué modo se vuelve? Como se ha dicho no sin razón, son sociedades cárceles. Los que quieren entrar no pueden y a los quieren salir no los dejan.
         Más allá de esta diferenciación, desde el punto de vista del estado de Derecho, son dos monstruosidades, dos formas mesiánicas de sentirse iluminados en la resolución de las cuestiones políticas, económicas y sociales. Dos maneras dirigistas de aislarse del libre comercio y del mundo, para vivir un delirio autárquico a lo franquista o castrista. Pero como se vio, el diablo se esconde en los detalles, por eso en el Uruguay prefirieron saltar el cerco y en vez de capitalismo en un solo país, al estilo comunista, suscribirse al corporativismo fascista para una burguesía de amigos.
La palabra socialismo no significa nada, es honorífica, también Mussolini era socialista y el padre le puso Benito, por Benito Juárez.

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Esto nos transporta a otra arista de ésta cuestión, que bien se podría definir como la peronización del Frente Amplio. No es nueva, lo que en Argentina son las Unidades de Base, aquí le dicen Comité de Base y consignas del tipo “Sólo el pueblo salvará al pueblo”, “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, de neto corte populista, son consignas propias del Frente Amplio entre nosotros.
Alfredo Palacios lo definía al peronismo como un populismo de derecha y todos sabemos de la enorme admiración que Chávez le tenía a la figura de Perón. La izquierda clásica era anti peronista, fundamentalmente porque Juan Domingo los persiguió implacablemente, la actual encontró en el Patria Grandismo rosista del peronismo, lo que le faltaba ante la estrepitosa caída de la ex Unión Soviética. Sustituyó un internacionalismo Este-Oeste, por otro Norte-Sur.
Pero no quedó solamente en eso. El peronismo es obrerista y capitalista, dice querer el bien de los patrones, para favorecer a los trabajadores y quiere hacerle un gran favor a los operadores económicos dándoles la razón en todo a los obreros, el tema es que los industriales, ganaderos y comerciantes, no quieren esa mano de bleque que Perón quería darles.
El peronismo es un bonapartismo que funciona exactamente al revés del de Luis Bonaparte. Hace como que está con la patronal y les aumenta la carga social y tributaria hasta límites inconcebibles. Cree que tienen que agradecerle porque está comprando futuro para evitar un estallido anti sistémico.
El justicialismo argentino es básicamente un pacto corporativista que cuando se rompe conduce a una catástrofe social, porque la puja distributiva que generó ante un cimbronazo de la economía se vuelve insostenible.
El Frente Amplio lo imita, pero se encuentra que no tiene, por varias razones, piso sociológico para ir a lo mismo.
Porque aquel es un sindicalismo de obrero sumergido y éste es un gremialismo de funcionarios públicos.
Porque el único sector propiamente corporativista en el Uruguay son los médicos y más nadie.
Porque la clase media podrá estar confundida como en los años 70’, pero es cualquier cosa menos obrerista.
Porque el peronismo para ser creíble tuvo y tiene que desideologizarse. En cambio el Frente Amplio, para no asumir responsabilidad por su pésima e incompetente gestión, tiene que ideologizar todas las cosas.
El peronismo condujo a todas las Provincias argentinas a la degradación social, el Frente Amplio únicamente a Montevideo.
Saliendo del sector médico, el corporativismo en nuestro país, es exclusivamente sindical, con un detalle adicional, en Argentina la opinión sindical ocupa un lugar en el escenario político general, en Uruguay en cambio es algo a lo que nadie le da la más mínima importancia.
Hoy el peronismo está metido en un marasmo. Si le fija fecha al paro, la gente se lo va a llevar por delante y si no se la fija o la dilata seguirán creciendo en el desprestigio creciente en que están. Vuelve nuevamente, al igual que en los años 70’ la guerra a muerte entre la izquierda y la derecha peronista, solamente que ahora no es por el poder, sino por la sobrevivencia. Probablemente no sea Cambiemos quien gane las próximas elecciones, sino que el gran perdedor podría ser el cristinismo en puja contra el peronismo, aún allí en donde se enfrentan a Macri.
Pedirle a un gobierno que cambie la política económica, no es hacer oposición, porque les guste o no, la gente los votó para esa política y ningún gobierno que se precie la va a cambiar porque desde una tarima a los gritos y piñazos entre ellos mismos, le estén pidiendo que lo haga.
Protesta sin consecuencias prácticas, no es protesta, es un saludo en la opo…en la oportunidad.
El peronismo en tanto fascismo puro y duro necesita Il Duce o la Duquesa, el Frente Amplio en tanto aprendiz de fascismo sin operadores económicos, no tiene ese problema, la clase media baja y los parias votan lo mismo una heladera. Lo que está indicando que en el fondo, son más corporativistas que aquellos.

Esperemos que cuando todo este tinglado regresivo y mal llamado progresista caiga, no nos encontremos con las arcas del Estado vacías, una sociedad envilecida, y de regalo una oposición destituyente que a lo único que aspira es a ver al Presidente de la República disparando en un avión, porque según ellos son los únicos que saben cómo calmar a la gente.


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