miércoles, 21 de octubre de 2009

Balance de la campaña electoral de 2009


    “LO IMPORTANTE NO ES LO QUE SABEMOS

    SINO LO QUE NO SABEMOS Y DAMOS POR CIERTO”.

    Mark Twain


Asistimos al fin de una campaña que deja como saldo para reflexionar, algunas cosas importantes. En primer lugar, el fin de un discurso y el comienzo de una forma ignorante de opinar verborrágicamente, como la imagen que el Frente Amplio le ofrece a la ciudadanía, luego de 5 años de Gobierno nacional, 20 años de estar en la Intendencia Municipal de Montevideo y de haber obtenido en el 2004, 8 Intendencias en total.

En segundo término, la constatación de que el votante frentista es como la vaca al cencerro, pueden ponerle delante cualquier cosa, que basta que sienta la musiquita del Frente, para que inmediatamente, se ponga en movimiento. Lo sabe cualquier frentista, si no hay movilización, no hay Frente Amplio. Son votantes del aparato y viven de sí mismos, de internismo. Lo que la burocracia interna y sus cuadros políticos deciden, no se discute y cuando se aprueba algo, debe ser dado como válido por aclamación al estilo estaliniano y más que eso, por aclamación callejera, al uso uruguayo cubano chavista.

En tercer instancia, la campaña muestra el nivel de fractura mental, social y cultural que conduce a la defensa de un mundo de anti-valores. Dar por buena la ordinariez verborrágica está indicando un retroceso mental muy grande en determinados sectores de la sociedad uruguaya.

Por otro lado, la campaña muestra un partido colorado que parece haber salido de la profunda crisis política en la que quedó paralizado tras la devaluación de agosto de 2002. Un partido que al recuperar el orgullo y la identidad de ser colorado, demuestra hasta que punto su electorado fue quien le dio la victoria al Frente Amplio. El colorado se enojó con su partido y decidió castigarlo votando al MPP (Movimiento de Participación Popular) directamente. El proceso que luego hace dicha fuerza política bajo el liderazgo de Mujica (PPM) “PePe Mujika” no resulta halagüeño para nadie, luego de sufrir la carga tributaria más grande de todos los tiempos.

También la campaña mostró la magra presencia de los grupos disidentes del Frente por la izquierda. Quedaron descolgados del escenario político, por la sencilla razón de que la propuesta oficial del presidenciable frentista, tiene un claro perfil ultra izquierdista.

La campaña muestra a un partido nacional posicionado en un escenario mucho más favorable que el del año 2004 y con encuestas compradas por el Gobierno, que razonan como si lo que sucedió en ese año, tuviera valor de ley política inmutable, sólo porque en el 99’, también el electorado estaba polarizado. Un partido organizado, con presencia en todo el país, hasta en los más remotos lugares y que aprendió una dura lección histórica; la necesidad de laudar la interna, sin fracturas que después hacen que al perdedor no le resulte cómodo, acompañar al vencedor. La fórmula de la victoria, que empezó a gestarse a pocas horas del triunfo de Lacalle en la interna, es básicamente, la fórmula de la unidad, lo que la gente estaba esperando.

Con respecto al partido independiente pretendiendo capitalizar al indeciso in crescendo que empezó a darse, a medida que los dos candidatos con posibilidad de llegar al Gobierno, comenzaban a cometer “errores”, lo que se constata es que no existen indecisos, ni independientes, sino gente con miedo de decir a quien vota en las encuestas y la mayoría son potenciales votantes del partido nacional.

El indeciso, como figura política, hizo un proceso en el Uruguay. En otro tiempo, el llamado “apolítico” era “apolítico de derecha”. Se decía apolítico y finalmente se decidía por los partidos tradicionales, fundamentalmente, el partido colorado.

El Frente Amplio tuvo siempre, desde su origen, una actitud definida hacia ese sector de votantes tradicionalistas que no dicen a quien votan y se autodefinen como “apolíticos” sin serlo. La estrategia para “concientizar indecisos” era aturdirlos con manifestaciones estridentes, de modo que este tipo de individuo se sintiera presionado, impactado, y por ahí, lo vote. Que el “indeciso” diga: “Si el río corre, agua trae” y le brinde el beneficio de la duda.

Cuando no lo lograban, empezaban con la clásica cantinela: “Dale, comprometéte”, para hacerlo sentir mal consigo mismo.

Con el advenimiento de la democracia, los indecisos cambiaron de actitud y comenzó a surgir en el Uruguay un tipo de persona que teme decir a quien vota y cuando lo hace, se expresa a favor del Frente Amplio, el llamado “indeciso de izquierda”, mejor conocido en el Frente Amplio, con la figura social de “independiente”. Hubo incluso gente que quiso organizarlos sin suerte alguna, especialmente porque los sectores que sostienen el Frente, no quieren sentirse de florero, sobrellevar esa costosa estructura aparatesca y realizar todo eso, por y para la participación del indeciso de izquierda, el independiente, el FA a secas, esto es, una especie rara, el frenteamplista sin sector.

Este tipo de indeciso fue quien le dio movilidad política a los diversos sectores frentistas: le dio en el 84’ mayoría a Batalla, en el 89’ a Democracia Avanzada, votando a José Germán Araújo: en el 94’ al Partido Socialista. Trató en todo este proceso de capitalizarlo la Vertiente Artiguista.

La crisis de estos dos sectores es el indicador más claro, de que no existen más “indecisos de izquierda”. Gente que participa un mes antes de las elecciones, no sabe bien a quien votar, pero está definido por el Frente Amplio en su conjunto.

Lo que está campaña mostró, es que el tan traído y llevado “indeciso” en realidad hoy en día es gente que no quiere problemas políticos, pero tiene definido su voto al partido nacional. Esa es precisamente la limitante enorme que tiene el Partido Independiente.

Creo yo, que después del IRPF (Impuesto a la Renta de las Personas Físicas) hay que ser muy despistado para ser un indeciso de verdad.