En política existen tres herramientas
básicas para actuar. Los movimientos,
los partidos y los frentes.
El
movimiento lo que busca es unificar
la orientación en un tema específico: movimiento ecologista, movimiento
feminista, movimiento por la tierra, movimiento independentista y demás. El
movimentista no le pide al hombre de partido que deje su filiación. Si no que
coincida en eso que a él le preocupa.
A
su vez los movimientos son heterogéneos políticamente en su concepción general.
No tienen teoría del estado y si la tienen, como en los movimientos
independentistas lo es pidiendo, desde la colonia, las mismas prerrogativas de
la metrópoli.
El
movimentista hace de ese único tema su exclusiva razón de ser. Cuando las
mujeres lograron mayor participación política y comenzaron a ocupar lugares
cada vez más importantes en las instituciones, el feminismo hizo crisis.
Logrado su objetivo –mayor participación para las mujeres-, que ocupen mejores
y más altos lugares, no alcanzaron que por esa causa tengan que ser feministas.
Existieron
movimientos que hoy nadie concibe que eso pudiera ser un motivo para la acción
política. La psiquiatría por ejemplo. En Ciudadanos
y Locos: Historia Social de la Psiquiatría, Klaus Dörner, demuestra que la
psiquiatría moderna es hija de un movimiento que nace con la Revolución
Francesa, consistente en quitarle “al hombre las ataduras de la alienación
mental”, permitirle que rompa “con sus cadenas”, era la consigna general de
aquel entonces y la psiquiatría era el movimiento para “liberar al hombre de
las ataduras mentales”. Según Klaus Dömer, la psiquiatría se traicionó a sí
misma en el momento en que se convirtió en disciplina científica, porque a
partir de ese instante le fue más importante tratar de comprender al alienado
mental con los métodos de la ciencia, que de hacer humanamente algo por el individuo.
Machado de Asís, es quien muestra con mayor precisión esta realidad en “El
Alienado”, en donde vemos el psiquiatra clásico completamente deshumanizado en
la comprensión cientificista y biologisista de cada cosa que ve. Es incapaz de
actuar, solo comprende, analiza durante el día y escribe interminablemente lo
que ve durante la noche. Cuando se ve obligado a actuar es totalmente primitivo
y bestial.
Dejando
a Klaus Dörner y su opuesto la anti-psiquiatría de Laing y Cooper, como
reacción a los que le negaron el carácter de movimiento que tuvo al nacer,
nunca nadie más que yo sepa, exceptuando el tango de Ferrer, “Balada para un loco”, reivindicó este
aspecto de las cosas como un motivo para la acción política.
El
movimiento ecologista, nace como reacción ante las tecnologías no sustentables
en términos ambientales. Va de posiciones místicas –la personalidad telúrica de
la tierra- a planteos netamente anti capitalistas. No logra, ni puede alcanzar
el objetivo de cambiar el modo de producción existente, sino pequeñas
conquistas en lo que antes se llamaba la seguridad industrial y las condiciones
ambientales de trabajo.
Esto
indica que los movimientos naciendo con un objetivo específico tienen destinos
diferentes: o mueren en “la ciencia” como la psiquiatría, o triunfan y por ende
desaparecen, como el feminismo, o son una perpetua idea fuerza por el
mejoramiento de las tecnologías que se usan para producir respetando la bio
diversidad ecológica.
Con los movimientos de liberación nacional
ocurre lo mismo, pero en forma más patética.
El
ejemplo más ilustrativo es el de Argelia.
La
colonia se vuelve “nación” en el papel y semi colonia en la realidad. Y esto es
así porque las relaciones de comercio exterior son implacables. Liberados se
inicia un proceso de purga interminable en el Frente Argelino de Liberación, en
donde los únicos que sobreviven son aquellos que están ligados al comercio
exterior. No se salva ni Ben Bella. Lo que está indicando que más que Condenados de la Tierra, como veía Frank
Fanón, estaban condenados a la rebatiña interna por el botín semi colonial.
Los
movimientos de liberación, cualquiera de ellos, adolecen de una falla básica:
No se lucha por la liberación, se lucha por la libertad. Como decía José
Ingenieros en El hombre mediocre,
nunca fueron libres y cuando les fue bien, cambiaron de amo.
Liberación
es una palabra que viene de la resistencia francesa. Los desengaños y las
amarguras terribles que tuvieron luego los maquis, es la clara señal que no se
puede dar por el pito más de lo que el pito vale. Liberarse, me dice mucho de
lo que se deja atrás, pero no dice nada de hacia dónde se va.
Luego
del mayo del 68’ el concepto de liberación se amplifica abarcando todo tipo de
cosas. Cualquiera entiende que se pueden inventar movimientos por cualquier
cosa: Por ejemplo, Movimiento de Liberación Nacional y Social y por qué no
dice: de liberación económica, si fue
por razones económicas que a la Metrópoli más le valía tener una semi colonia
que una colonia propiamente dicha. Existió proceso de descolonización en
marcha, como decía Nikita, no por todo eso horrible, humillante y lesivo que
dice Albert Memmi en Retrato del
Colonizado, sino porque se vivía mejor en la Colonia que en la Metrópoli, a
expensas del contribuyente metropolitano. No era, ni es hoy rentable sostener
una Colonia.
Lenín decía una cosa sobre el infantilismo
revolucionario. Trotsky decía otra. Infantilismo,
sostenía, es hacer de una sola consigna y
nada más que de eso solo, lo fundamental de una revolución. Desde este
punto de vista el infantilista no es el apresurado, el que quiere todo ya, sino
quien toma un solo aspecto y hace de eso un centro con prescindencia de lo
demás.
La
psiquiatría como movimiento de liberación mental, era un infantilismo, por eso
degeneró en ciencia pura, lo mismo el feminismo y el ecologismo. La gran
pregunta que se hacían los analistas políticos en Europa, cuando observaban el
proceso que seguía África era la siguiente: Se
liberaron, tomaron el poder ¿Y ahora qué? Aquella película clásica, Queimada de Gillo Pontecorvo,
protagonizada por Marlon Brando es un manual de lo que le ocurrió a Centro
América y las Islas del Caribe. El estatuto colonial sigue intacto, pero
sustentado ahora por la legitimidad de origen y de ejercicio que le da, la
autonomía de un Estado Nacional concebido en términos del Código napoleónico.
Aquí
se ve claro lo que ha ocurrido. El anarquismo de principios de siglo fracasa no
porque fueran cabezas campesinas desclasadas calenturientas a lo Bakunin o
principistas a lo Proudhon o aristocráticos como el Príncipe Piotr Kropotkin.
Tampoco como creía Lenín, porque le hacían el juego a la burocracia tratando de
achicarla sin darse cuenta que es allí –al reducirse- cuando la burocracia es
más poderosa. La burocracia no existe porque hombres muy malos y perversos
dirijan la sociedad desde una oficina mirando en abscisas y ordenadas todas las
cosas y tomando decisiones. La burocracia –tampoco es trabajo improductivo,
como creía Marx- por el contrario, es un servicio, la burocracia es una de las
tantas formas de organización social que existe, porque el control de lo que se
produce así lo exige.
Hoy
por ejemplo, la burocracia clásica es obsoleta y existe la tecno burocracia
operando en tecno estructuras mega tecnificadas. Lo que está indicando que la
lucha contra la burocracia, nunca justificó un “movimiento libertario”.
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Cuando
Marx escribe el Manifiesto Comunista no tenía en su cabeza formar un partido.
En ningún momento aparece en su obra el concepto de partido. Lo que reivindica
es el movimiento comunista que empieza a darse después de la Comuna de Paris de
1848. La gente en aquella época decía “se viene un 48’” como diciendo que se
estaba en las puertas de una gran revuelta.
No
vino un 48’ pero vino un 71’. Marx se ve obligado a disolver la Primer
Internacional porque esa situación de descomposición semi feudal y bandolerismo
generado por el desclasamiento de las masas campesinas, le impide organizar
algo coherente.
Es
Lenin quien teoriza sobre la necesidad de un partido para que no ocurra eso. Hoy
la ciencia política, cuando aborda la teoría del partido, lo adopta a Lenín en
su totalidad, sin nombrarlo. Lo mismo ocurre con los manuales de psico política
francesa: Ven lo que ocurre en Europa después del 17’, pero no interpretan lo
que sucedía porque no entienden en que se basaba lo de Lenín.
Lenín
no escribía para afuera. Son muy pocos los textos escritos para el lector
común: El desarrollo del capitalismo en
Rusia y el Imperialismo Fase Superior
del Capitalismo, el artículo para la Enciclopedia Granate, más las editoriales de Iskra –chispa en ruso-
primero y el Pravda –verdad en ruso- después. Exceptuando eso, todo lo de él,
es material organizativo interno, pero todo eso no se conocía en aquella época
y se comenzó a leer luego de la caída de Stalin.
Lenin
organiza el partido, desde la clandestinidad, con la misma filosofía política
con la que luego piensa organizar el Estado en su conjunto. Era abogado y esa
es la causa por la cual, entre nosotros, los
abogados de presos políticos están en una rara e incomprendida ultra izquierda.
Son los únicos que leen a Lenin.
El
partido leninista, no es como creía Curzio Malaparte, putchista y militarista.
Jugó a eso cuando le vino bien en un momento de descomposición social generado
por la guerra del 14’. El partido para Lenin, es el factor consciente,
subjetivo: Dirección, Organización, Consciencia y Voluntad. Cuando toma el
poder los demás lo acusaban de bakuninista, por el voluntarismo con que encaró
las cosas. Probablemente fuera como decía Trotsky “el prototipo de hombre
caucásico humillado”, un pasional metódico, un experto en derrotas que se sabe
al dedillo el fracaso de todas las revueltas, pero no sabe cómo revertir la
masacre de 1905 y por la forma de hablar, lenta y pausada “un burro de mirada
perdida, que ve más lejos”.
Lo
que Lenin viene a generar es la consciencia de una necesidad y así como
Descartes decía que no conocía reloj sin relojero, Lenin dirá que no conoce
práctica revolucionaria, sin teoría revolucionaria. Ese es el fondo del
leninismo.
Cuando
analizamos el pensamiento de Antonio Gramsci, y en esto el que habla claro es
Rodney Arismendi en la Revista Estudios, no estamos delante de un planteo
alternativo al leninismo, sino de una amplificación de horizontes en aquellos
temas que Lenin por el apremio de las circunstancias que vivió, no tuvo tiempo
para desarrollar.
El
Euro comunismo quiso vender un Gramsci opuesto a Lenin, quiso, por ejemplo
hacerle creer a la juventud que los “Manuscritos Económicos filosóficos de
1844”, de Marx, era algo muy distinto a lo que luego desarrolla en “El
Capital”, quiso hacer creer que Gramsci era una especie de social
democratizado, cuando todos sabemos que si Gramsci no hubiera muerto en la
cárcel, hubiera también marchado a una purga por ultra.
El
centro de lo de Gramsci está acá: El partido, como lo concibe, no deja de ser
obrero, sino que le pide al intelectual “organicidad”.
Para él, “Todos los hombres son
intelectuales, pero no todos los hombres juegan en la sociedad el rol, el papel
del intelectual”. El mismo Gramsci decía que él leía a Lenin y Trotsky porque
solamente allí encontraba lo que necesitaba. Es evidente que de economía no
entendía nada, ni tenía una caracterización de política internacional. El
sardo, era un autodidacto que se formó políticamente en las contingencias de
una época muy movida. El Gramsci ingenuo de juventud, el justiciero, se
convierte en el socialista, el hombre que quiere el bien y luego de las Tesis
de Abril en el fundador del Partido Comunista Italiano. Cuando matan a
Mateotti, allí comprende que hay que tomar las armas, compra una pistola y se
pone a leer a Louis Blanc, el hombre más violento de la Comuna de París de
1848. Lo que está indicando que el diversionismo intelectual y el diletantismo
del ajetreo político italiano lo subsumieron y le impidió “el análisis concreto
de la situación concreta”, como pedía Lenín en aquella época. Como me decía una
psicóloga hace muchos años, “una cosa es ser culto y otra a culturado” y yo me quedé pensando, Gramsci no era un hombre
culto, sino un a culturado, culto es
otra cosa. A culturado, decía ella, es el hombre que la vida le dio una paliza
cultural y lo peloteo desde todos los ángulos, culto es aquel que estudia
afincadamente en un tema hasta darlo por concluido.
Al
Eurocomunismo le venía bien, muchos años después, porque era una víctima del
fascismo que planteaba temas nuevos y
les permitía, como se dice vulgarmente “sacarle
el culo a la jeringa” en un momento en donde la ex Unión Soviética les
pedía a los demás que no los imiten, que hagan algo propio porque no los iban a
ayudar. “Hay que agudizar el ingenio”
decían los ex soviéticos desde Editorial Progreso Moscú.
En
lo de Gramsci hay un hecho que es real en política: No se filosofa en abstracto
como los griegos en el Partenón –el Parlamento de aquella época-, la política
exige una filosofía de la praxis. Praxis quiere decir teoría y práctica todo
junto a la vez. En política para poder intervenir se necesita cotidianamente un
nivel de discusión interna constante sobre los más diversos temas.
En
el caso del Frente Amplio uruguayo, lo que les ocurre es porque no discuten
políticamente, sino administrativamente. Si tuvieran el nivel de
discusión que pide Gramsci, en donde el partido, como pedía él, “es el intelectual de la clase” hubieran
ido más lejos que a donde fueron. Si así no fue, es porque no les da la
capacidad.
Cuando
Constanza Moreira dice que la gente de la cultura en el Uruguay construye
izquierda, pero no Frente Amplio, sabe lo que dice.
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Si
un movimiento es la voluntad por hacer entender una idea fuerza y un partido la
forma de intervenir institucionalmente, los frentes en cambio se construyen
para necesidades específicas y concretas.
Por
ejemplo, si leemos el Qué hacer de
Lenin, entendemos que era cualquier cosa, menos frentista. Nunca Lenin iba a
hacer un frente con hombres como Martov, “el
liquidacionista en nuestras filas”. Es más, se fue de la socialdemocracia
alemana “porque hubieron razones para
estar y también para irse”.
El
primer frentista es León Trotsky. En un momento “de regresión colectiva” que conducía a un estado de ánimo proclive
al fascismo, Trotsky plantea “un frente
único antifascista”. En el año 20’ Inglaterra perdía el Imperio y se desata
una guerra de rapiña por los mercados. Rusia sufría “el cerco capitalista”.
En
ese proceso España se vuelve el teatro de operaciones de todas las fuerzas que
intervenían en Europa en ese momento. Desde Bulgaria que era donde Lenin tenía
los contactos clandestinos más importantes para distribuir sus escritos y gente
obsecuente y fiel en términos absolutos, Dimitroff toma la idea de Trotsky y le
da otro carácter al concepto de Frente Popular.
Para
Trotsky un frente quiere decir “marchemos separados, pero golpeemos juntos
contra el enemigo fundamental”, para Dimitroff es otra cosa: Es una
alianza de convivencia privilegiada con el partido socialista. En buen romance,
convive haciendo entrismo y reclutando
gente.
Dimitroff
escribió “Problemas del Frente Único”
para pedirle al partido comunista internacional, paciencia, comprensión y mucha
tolerancia con los socialistas. No insultarlos, no decirles “reformistas”,
entender que socialismo es una etapa, comunismo la que viene. Lo que Dimitroff
no contempla en el contexto de aquella época era el hecho de fondo: la masa no
era socialista, ni comunista, sino anarquista y era Lenin quien sostenía que
pulverizar al anarquismo es fácil en el papel, como difícil discutir con ellos
en la realidad. Lenin nunca pidió una alianza con el socialismo, sino saber
ganar aquel sector de anarquistas que se va volviendo consciente, “maduro”
para mejores embestidas. De lo más granado, lo ganado, decía, queriendo
significar que era hacía allí a donde había que apuntar el reclutamiento. Cuando se logra comprender no una, sino todas
las derrotas sindicales, decía Lenin, es cuando el hombre se vuelve consciente
de lo que ocurre a nivel general.
La
Guerra Civil Española es un claro ejemplo de esta situación trágica.
En
otra constelación de cosas, lo de Allende, no escapa a esta realidad, porque si
bien es cierto que ya no es el anarquismo clásico el que le genera problemas a
un gobierno de izquierda, son posiciones basistas, en el fondo anarquistas sin saberlo, las que tanto desde el partido
comunista, como el socialista le piden irrealidades a un gobierno que avanza,
con “resquicios legales” sin
respetar la propiedad privada.
Más
allá de eso, los frentes en política no se hacen para quedarse así toda la vida
y decir “soy frentista”, como quien
defiende una dimensión superior de idealidad política, los frentes se hacen
ante una situación dada para enfrentar y resolver una prioridad que a diversos
partidos le resulta fundamental: la reconquista de la democracia por ejemplo,
sin la cual ninguno de ellos tendría un sentido al existir o la lucha contra un enemigo común que quiere
aniquilarlo a ambos “en etapas”.
Para
terminar quiero decir una serie de cosas:
Lo
dije en un foro del partido colorado. Lo que se necesita es una
alianza privilegiada entre el Partido Nacional y el Partido Colorado,
basada en la comprensión de un hecho básico que se puede resumir así: “Marchemos separados, pero votemos juntos a
favor de una ciudad más limpia”.
Ahí
opina gente de todo tipo. Incluso energúmenos de ultra izquierda que los
insultan y les dicen de todo. Borraron mi opinión. No creo que haya sido Amado.
No
les gustó la consigna porque entienden bien como son las cosas en política.
Temen perder identidad, lo entiendo. Es un riesgo que hay que calcular y
sopesar. De pronto es entrar en un juego peligroso que conduce a donde no se
quiere ir.
Hoy
se está tomando consciencia de este hecho de alcance y estatura estrictamente
municipal, por un hecho muy simple. El Uruguay se gobierna desde la capital que
es quien concentra la mayoría de la población, no porque se subestime al hombre
de campo y sus necesidades, sino porque no puede ser de otra forma. El que gana
la capital obtiene una cuota de poder que es privilegiada a la hora de hacer
las políticas generales.
Montevideo
hoy es una cueva de malvivientes y ya no tienen el argumento de una supuesta
“herencia maldita”, cuando recibieron la Intendencia con superávit y hoy es deficitaria
con todo agravado.
Es
algo que rompe los ojos.
El
batllismo, aunque sea poco políticamente hoy, tiene mucho que aportar, porque
Montevideo la hizo el Partido Colorado y la fuerza que puede a nivel nacional
tener la repercusión de devolverle al Uruguay su institucionalidad, hoy, por
diversas causas, es el partido nacional. De modo que no se ve la razón por la
cual, los que queremos salir de esta pesadilla que conduce a lo de Chávez, no
podamos saber combinar ambas cosas y votar en las elecciones municipales lo
esencial: Restituirle a Montevideo, “La Coqueta”, el lugar limpio y sano que debe tener.
Vamos
a no ser ilusos en política. Por favor. El Uruguay siempre tuvo frentes
diversos. Tradicionalmente eran más las coincidencias entre un batllista y un
nacionalista independiente que entre un batllista con un riverista y un
nacionalista independiente con un herrerista. Eran más los puntos de contacto
entre un herrerista y un riverista que entre cualquiera de ellos con otras
tendencias de su partido.
El
mismo Luis Alberto de Herrera, nuestro caudillo inmortal, sostenía que ya la
cuestión no es entre blancos y colorados, sino decía “Entre los que son nacionales, porque quieren y merecen serlo y entre
anti nacionales o porque no lo sienten o porque no les conviene”.
Algo
me dice, que a trancas y barrancas, por ahí va la cosa.