domingo, 8 de noviembre de 2009

Entre el pasaporte y la credencial.



Un misterioso personaje muere a tiros en Shangrilá. Jorge Batlle irrumpe en la campaña haciéndose preguntas básicas, que según el politólogo Adolfo Garcé, son plausibles. Si algún error hubo en lo que dijo Jorge Batlle fue por el periodista que no le puso signos de interrogación a la parte que implica a Marenales. Donde dijo “El único tipo que puede tener 500 armas acá o más se llama Marenales. No hay otro”, debió haber dicho: “¿Quién es el único tipo que puede tener 500 armas acá o más? ¿Marenales o hay otro?”.

Lo llaman a declarar ante la Justicia porque esa parte no tenía signos de interrogación, pero más allá de la puntuación, una sola cosa es cierta, sea o no sea Marenales el que está detrás de esto, Feldman era un hombre de ultra izquierda. Obviamente, hoy la policía técnica no descarta ninguna posibilidad. Puede ser Zabalza o el grupo Fogoneros o Irma Leites o la Plenaria ¿qui lo sá? Puede ser Pedro Balbi o la complicidad del montonero Patiño Mayer desde la embajada argentina. Puede ser la ETA coordinando con innombrables del aparato tupamaro. La sospecha a Marenales es plausible, pero debió darse en forma de pregunta, porque lo que puede ser que esté detrás de esto huele muy feo, huele a berretín, tatucera y cloaca.

El Frente Amplio impulsa muy suelto de cuerpo a un asesino serial como Mujica Cordano a la Presidencia de la República. Un hombre que de lo único que está arrepentido es de haberse metido con el Ejército, porque si se hubiera limitado a emprenderla contra la clase media y más nada, le hubiera salido todo redondo.

La sociedad uruguaya está anestesiada y dormida, ya no razona y parece haber perdido los reflejos democráticos que en el pasado tornaban inadmisible para otros hombres, este tipo de cosas.

Me temo que estas denuncias no ejerzan ninguna influencia en el electorado. Todos recordamos la campaña veraz y contundente, con videos y declaraciones de Topolansky e Huidobro que hizo el Foro Batllista en el 2004, para constatar lo inocuo que suele ser en este Uruguay de ahora, decir la verdad y mostrarla en videos.

La democracia uruguaya camina de la transición de una dictadura, al suicidio y a nadie parece preocuparle mucho eso. Es evidente que en el proceso político uruguayo una voz fue silenciada para siempre. Se apagó la voz de los espíritus mejores.

El liberalismo –ese liberalismo bajo el cual fueron permeadas las divisas que hicieron al Uruguay‑ hoy contempla perplejo un hecho inocultable: hay quienes saben utilizar la democracia contra la democracia y se valen de la libertad que ésta les ofrece, para actuar contra la libertad.

El candidato nacionalista, Luis Alberto Lacalle, dice una cosa que es cierta: Se necesita el equilibrio de poderes como contrapeso para que el Uruguay no vaya de cabeza a una dictadura chavista, pero la pregunta que cabe a esta altura del partido es la siguiente: ¿A quién le puede importar el equilibrio de poderes cuando se vota a un asesino serial disfrazado de Martín Fierro?

Uno nunca creyó que se pudiera llegar a esto y caer tan bajo en la sociedad uruguaya, pero es inocultable que ya no se puede negar la realidad que tenemos por delante.

Las democracias también se suicidan. Es una posibilidad que libremente tienen cuando la gente opta democráticamente por destruir la democracia.

Se lo vengo diciendo desde hace tiempo a todo el mundo. Este Uruguay no tiene nada que ver con aquel que nos vio nacer. Hace 10 años que lo vengo afirmando y sosteniendo y expresando a cuanta persona conversa conmigo.

El doble discurso frentista es la expresión de una traición a otros hombres que hoy ya no están. Es el trabajo de zapa, lento, eficaz y corrosivo de usar los instrumentos de la democracia para ir saboteando a cada paso las libertades públicas. Es la oposición gratuita y alevosa de mala fe a todo lo que hacen los demás, para luego salir él a llevar a cabo no lo mismo, sino lo peor de lo mismo.

Feldman resulta que ahora es un “misterio”. Todos sabemos que en política no existe la casualidad, sino la causalidad. Hay, no nos engañemos, poderosos intereses creados en apuntalar a Mujica. Todos hemos visto el rol que jugaron los medios de comunicación hacia él y todos hemos vivido en esta campaña la presión del servicio de inteligencia para que no se lo ataque a Mujica. El Uruguay es un pañuelito, somos pocos y nos conocemos, como para no darse cuenta de donde vienen las sombras y bultos que se menean.

La burguesía uruguaya es débil. Es una pobre burguesía, que se come la plusvalía. Engorda, pero no crece.

Novedoso es constatar ahora que como socio local no es confiable y merece el mismo destino que la burguesía venezolana. Al igual que aquella le van a decir: “Ustedes generaron un monstruo y ahora tienen las consecuencias. Sólo Hércules cometió el error de limpiar los establos de Augías, y si el estiércol se fue amontonando en cantidades monumentales y generó todo tipo de gérmenes que fue invadiendo a todo el país y desatando grandes pestes, es un problema de ustedes”.

Se ve que para cierta gente el Uruguay no precisa ni una burguesía nacional próspera, ni una clase media asentada, sino antes bien, una lumpen burguesía que vive de la rapiña semi colonial y opera en un entorno semi feudal entre hombres de media cuchara. Al fin y al cabo, para el rol geopolítico que le es asignado al Uruguay, es suficiente. Para muchos el Uruguay no es un país, sino una joda con fronteras.

La pregunta que uno se hace al ver esta trampa mortal en la que estamos, es la siguiente: ¿Cómo se sobrevive a estos 5 años que se avecinan?