domingo, 2 de noviembre de 2014

Le hizo mucho daño al Partido Nacional, Javier De Haedo.

    Estoy totalmente de acuerdo con Amorín Batlle: el Partido Nacional tiene que tener un compromiso de cambio.
    La Dirección General Impositiva, más conocida como la DGI es un órgano competente del Ministerio de Economía del Uruguay.
    Es la Unidad Ejecutora responsable de la administración de los impuestos internos del país. Maneja los impuestos de las trasmisiones patrimoniales, impuestos para el Fondo de Inspección Sanitaria, impuesto a las comisiones, impuesto a la constitución de Sociedades Anónimas, impuesto a los activos de las Empresas Bancarias, Impuesto al patrimonio, Impuesto a la compraventa de bienes muebles en remate público, impuesto a la Compra de Moneda Extranjera, Impuesto Específico Interno, Impuesto al Valor Agregado, Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios, Impuesto a las Rentas Agropecuarias, Impuesto a las Ventas Forzadas, Impuesto a los Ingresos de las Entidades Aseguradoras, Impuesto a las Sociedades Financieras de Inversión, impuesto a las rentas de industria y comercio, derecho tributario internacional y normas generales de derecho tributario nacional entre otros.
    Solamente le está faltando, el Impuesto al Estornudo.
    El Partido Nacional no puede hacer la vista gorda en este tema, solo porque botarates como Javier de Haedo, que además son traidores al Partido, hagan seguidismo de la voracidad fiscal existente.




Las mujeres del partido colorado son muy bonitas

    Las mujeres del Partido Colorado son muy bonitas, por lo que he estado viendo en la campaña electoral. Debe ser por eso, que dicho partido no quiere hacer actos conjuntos con los blancos.
    Se ha dicho de los blancos, que si te le ponés atrás, te caga, pero si te le ponés delante, te coge. El Partido de Rivera no quiere, ni ponere atrás o adelante y se pone al costado.
    Apoya a Luis porque no tiene má' remedio.
    Las mujeres del Partido Nacional tienen ese encanto de la mujer muy católica y creyente. No me cansaré de repetirlo, más vale corromper una santita, que la otra, porque por lo menos, no tiene vicios adquiridos por el mafra que la descubrió primero. Cuando se destapa es toda tuya.
    Las mujeres del Frente Amplio se mueven en un gama muy variada y compleja. Las gronchas no dan ni para empezar, el vejestorio menos, pero existe una faja de afrancesadas y universitarias que es interesante. Son medio neuróticas y, hay que ser medio mafra para encarar la cosa con ellas.
    El Partido Independiente y Unidad Popular, no ofrecen mujeres como oferta diferencial para ser votadas con gusto.
    Las campañas electorales en el Uruguay fueron siempre casamenteras, no sería la primera, ni la última vez.
    El balotaje le hace daño a la mujer del Frente Amplio, porque probablemente el hombre que la frentista busca, sea un blanco duro con mucho dinero y al hacerle la guerra a ese individuo, mañana puede ignorarla por otra, que piense más como él.
    ¡Qué le va a ofrecer un secretario del secretario del secretario del Secretario General, todo el día metido en un Comité de Base y con La República debajo del brazo! 
         Los uruguayos somos una cosa distinta, que solamente se interpreta viviendo aquí.


 

Le faltó decir que las mujeres uruguayas,
son más lindas que las argentinas y las brasileras.

No habrá más penas, ni olvido

    La derecha cometió muchos errores políticos graves en lo que va de los últimos 51 años, si tomamos 1963, como el punto central de un tiempo eje, para ubicar bien las cosas.
    El primer error es no haber sabido atajar la lucha armada y responder tontamente, ilegalizando al partido socialista, cuando era mejor tenerlo en la legalidad que clandestino.
   El segundo equívoco fue desencadenar una escalada represiva con Pacheco Areco, aplicando la Constitución que deviene de la reforma naranja, ante la cual la gente, si bien votó, ignoraba concretamente, el manejo de poder que habilitaba. Eso hizo que muchos vieran en el pachequismo un golpe de Estado, cuando en realidad era un golpe constitucional en cámara lenta.
    La tercer macana es haberse apoyado en los sectores más retrógrados -riveristas, anti batllistas-, del partido colorado y los grupos más conservadores del partido nacional. Ignoraron la izquierda batllista y Zelmar y Alba se tuvieron que ir de allí y le estafaron las elecciones a Wilson. Peor que eso, polarizaron las elecciones del 71' haciendole creer a la gente que la cuestión era entre Pacheco y Seregni, con la espuria finalidad de marginar a Wilson y no discutir con él.
    La cuarta pifia es haber dado un golpe de Estado y no darse cuenta que los mandos medios que dieron la vida, eran nazis. Los militares golpistas no fueron a eso para sacarle las castañas del fuego a nadie y exigieron, como todo ejército vencedor, el botín de guerra.
    Además, fueron suficientemente claros cuando los comunicados 4 y 7. Dijeron con todas las letras que no serán el brazo armado de la oligarquía, ni de grupo o interés económico alguno. No por eso son progresistas, ni peruanistas. Son una corporación autónoma, que vino a hacer la propia.
    El quinto error es haber metido preso a Wilson y proscripto a Seregni, dándole a la naciente democracia muchísima gente que desconfiaba que eso que devino tras las elecciones, fuera una democracia real y no una democracia tutelada. Las cosas fueron felizmente de otra forma, pero no era necesario proscribir a Líber y a Wilson.
    El sexto equívoco fue no darle ni el saludo al General (R) Líber Seregni que hizo lo que pudo por congraciarse, pagando por ello un costo político altísimo. ¿Qué querían? Un Seregni a lo Vázquez, bueno, ahora lo tienen.
    La séptima estupidez es vivir partidizando las cosas, perdiendo de vista el ser humano que existe en el otro. No haberle dado ningún cargo al Frente Amplio, excepto en el primer gobierno de Sanguinetti, fue un error porque le permitió lavarse las manos en todos los temas.
    Todo esto se sobrelleva hasta una devaluación, pasado ese límite lo que hasta ayer se toleraba, ya no se lo aguantaron más.
    Gracias a la devaluación y el aumento del precio de la soja, Tabaré Vázquez es quien es.
    Hoy cometen un octavo error, no darse cuenta que no se deben cometer los errores del anti peronismo y la oposición en la Argentina. No es con tesituras gorilistas; el ajuste de cuentas, tiene que ser teórico.
    Si el Frente Amplio tuviera una política de rebaja impositiva importante a la clase media media, -no a la clase media baja-, los fundacionales desaparecen, se quedan sin el brazo ejecutor. Si no fuera por la reforma constitucional y el estado de ánimo de la gente en 1996, esto era Venezuela.
    Digo yo: ¡Se puede ser más imbécil en la vida!

    No habrá más penas, ni olvido.



Un poco de memoria histórica

    A veces los fundacionales nos equivocamos cuando hacemos un culto que exalta el pasado.
    Perdemos de vista que, por ejemplo, Acuña de Figueroa, autor del Himno Nacional, fue un colaboracionista cisplatino de los brasileros. Dice Real de Azúa que no tenía más remedio y que además, no era un hombre cualquiera, era parte del patriciado de abolengo y sabía a que se exponía, si se ponía en la vereda de enfrente. Supo bailar muchas melodías.
    Rescatamos lo bueno de los hombres del pasado y recordamos en Acuña de Figueroa, no solo el Himno patrio, sino también aquellos versos de arrepentimiento «sincero» que tuvo cuando dijo:


«Cielito, cielo que si
 Cielito de qué sirvió,
Que la boca diga sí,
Cuando el alma dice no.»

    La historia se cuenta de muchas formas, es una variante literaria del género narrativo y existen tantas como vencedores de la contienda.
    El documento, que es lo que piden los historiadores para contar y narrar, no dice todo, porque si bien es cierto que un documento atestigua algo: ¡Quién dijo que lo único que hay que saber es lo que alguien dijo en un papel! El papel aguanta cualquier cosa.
    La otra historia, la de la sensibilidad es la difícil, porque es personal.
    Se cuenta que cuando la Guerra Civil Española un anarquista quiso escribir la historia de la rebeldía y no la pudo concluir, porque a cierta altura de lo que estaba desarrollando, se dió cuenta de una cosa: No estaba escribiendo la historia de la rebeldía, como él creía inicialmente; estaba narrando la historia de su rebeldía personal.
    Así como 
Antonin Artaud, quiso escribir el Tratado Universal de la Estupidez y no pudo concluirlo, porque a cierta altura se dio cuenta, que también le cabían las generales de la ley, con la historia uruguaya ocurre algo parecido; ni Acuña de Figueroa es un heroe nacional que supo cumplir al grito de tiranos temblad, ni eran 33 los orientales, eran 34.
    Se dirá como decía Echevarriarza en la Argentina que los pueblos jovenes precisan necesariamente una «cultura militante», entendiendo por tal, aquella formación cosmopolita que se pone al servicio de una conciencia republicana. Como decía José Pedro Varela: «No conozco República sin republicano».
    En esto no podemos perder de vista, que más allá de las necesidades políticas que «la cultura militante» plantea, van a existir tantas culturas y sub culturas, como agentes sociales intervinientes haya. De eso no se daba cuenta Echevarriarza y por eso Varela plantea que la educación tiene que ser laica, gratuita y obligatoria.
    El Uruguay fue Banda Oriental y luego Provincia Cisplatina. Gracias a los buenos servicios de Lord Ponsonby, no fue ni lo uno, ni lo otro: Fue Uruguay, un nombre que viene del guaraní, como Paraguay.
    Soy un convencido que el triunfo del Frente Amplio no culmina en una invasión argentina, como a primera vista puede parecer, ni en una ingerencia espantosa de Brasil o un dominio casi total de los americanos.
    No va a ocurrir eso, porque somos hombres de frontera, donde las banderas bailan.
    Tal vez nos cueste asimilar por un tiempo ésta situación, pero no hay que perder de vista que a veces la derrota puede ser una victoria y la victoria una derrota. Si así no fuera, el partido nacional hoy no existiría.


sábado, 1 de noviembre de 2014

Que no nos pase lo del antiperonismo en la Argentina.

     Así como estamos ante un proceso de peronización de la política uruguaya, también uno ve que la oposición comete los mismos errores del antiperonismo.
     Un tirón de orejas para Pedro por no darse cuenta del carácter concreto que tiene el desafío de la hora actual.
     Un abrazo a Luis por romper esquemas, allí donde se pretende acusarlo de gorilista y como no pueden inventan cualquier cosa.
     Un reconocimiento a Mieres por saber navegar contra la corriente.
     Un saludo a Abella para que siga y le vaya cada vez mejor.
     Un aplauso a los que votan en blanco y ponen solamente el Si a la baja.
     Una admiración a los "frentistas" porque de ellos es el "futuro".



Para los que no van a votar nada

     Los que no van a votar nada, también merecen respeto y consideración.


Una nota editorial muy, pero muy buena.

     Reproduzco el artículo de Leonardo Guzmán, de El País del viernes 31, porque es la base para pensar en la realidad política uruguaya.
     Voy a realizar otro tipo de análisis, más social y psicológico del uruguayo de hoy, pero ese artículo es la piedra angular de lo que serán mis reflexiones.

 Batllismo:¿ahora qué?

Ganó el continuismo. En mayoría, los ciudadanos apoyaron la gestión frentista sin juzgar la decadencia nacional que provoca. Después de Pluna, Ancap y el resto, mantuvieron incólume su adhesión como la esposa que atajaba al cónyuge: “Yo ya tengo mi opinión formada: no me vengas con hechos”.
Los incondicionales merecen respeto, cuando son de buena fe y no por cálculos o acomodos. Repiten actitudes que nos injertaron los materialismos crudos -no sólo el marxismo: bajar la guardia ante la Constitución, despreciar el debate político, dejar que las noticias resbalen, disolver el yo en excipientes de insensibilidad. Contra esos extravíos hemos combatido y combatiremos, pero sin perder el respeto por tantos “prisioneros de una equivocación” –valga el bolero- a quienes tarde o temprano rescatará la libertad crítica que hoy les luce anestesiada.
El arco de quienes nos oponemos al Frente no puede ser más vasto. Abarca desde la izquierda -partidos como Unidad Popular, ciudadanos con perfil propio como Gustavo Salle y Hoenir Sarthou-, pasa por el Partido Independiente -crecimiento más que expresivo- y vibra en el Partido Nacional y hasta en las últimas estribaciones del Partido Colorado. No nos arredremos: el escrutinio proclamó que el oficialismo ganó siendo la mitad menos poco, pero también proclamó que los que clamamos por otra clase de gobierno ya somos la mitad más poco.
Si asumimos como un inmenso bien la capacidad de discrepar dentro y fuera de partidos sin cúpulas que mandoneen y si por encima de propuestas nos unimos en torno al ideal de libertad y al principismo constitucionalista, podemos abrir un diálogo luminoso y esperanzado entre todos los valientes que no quieran dejar vacía su silla. Para eso nos parece natural balancear el predominio parlamentario frentista –cuyas genuflexiones desvalorizaron al Poder Legislativo- votando para el Ejecutivo a un espíritu liberal y conciliador, el Dr. Luis Lacalle Pou.
Pero el futuro de la República no depende sólo de quien pueda ganar en cinco semanas. Debemos mirar más lejos.
Con esas miras, ya analizan sus yerros los protagonistas derrotados del domingo: los encuestadores, sin ningún acierto porcentual; los candidatos nacionales del Partido Colorado, sin ningún triunfo departamental… Una dieta con abundantes fibras de modestia acaso sirva para laxarles tensiones y fracasos repartidos a diestra y siniestra.
Quienes no fuimos protagonistas tenemos ante nosotros una misión más compleja que retro-evaluarnos: dolernos hasta los huesos por la masificación que despersonaliza por obra de la sedicente izquierda que les impone la resignación. Y edificar una filosofía que resucite lo humano personal por encima de sistemas y pretextos sociales. Es mandato para todos. Cada cual, según su conciencia. La mía, batllista: sigo pensando que la justicia –“para nosotros y nuestros adversarios, para nuestros hijos y los hijos de nuestros adversarios”- es un ideal accesible por amor al prójimo, que no se entrevera con el resentimiento ni la guerra de clases; y sigo afirmando que no hay ideal más alto que el de libertad.Venimos de décadas en que se abandonó la prédica por idolatrar el PBI. Puesto que eso nos condujo a esto, algo hay que hacer.
Las circunstancias son adversas. Pero “siempre hay un camino abierto para los hombres de buena y fuerte voluntad” como nos enseñó José Batlle y Ordóñez en el primer editorial de El Día.