miércoles, 5 de junio de 2013

La puja distributiva y el barril de pólvora de la economía uruguaya



        Como lo vengo analizando en post anteriores todo confirma cual ha de ser la estrategia y la orientación política del próximo gobierno de ganar el Frente Amplio en el 2014.
        En política se puede tener cualquier ideología, pero en economía dos más dos son cuatro, gobierne quien sea.
        El Frente Amplio es de las raras fuerzas políticas que quedan a nivel mundial que logró entender que dos más son cuatro, luego de un penoso y larguísimo proceso de purga interno.
        Esto no es algo agresivo de mi parte, como si gratuitamente me pusiera a decir una cosa por otra. Es un hecho constatable a cada paso y en cada momento de la historia política de esa fuerza. Se lo ve en cada circunstancia, al punto que cuando el sector radicalizado toma la delantera, todo el país se eriza horrorizado.
        Como siempre para calmar a un sector empiezan con una guerrita que saben perfectamente que es insostenible y en filas de los partidos, comunista y socialista, toman la educación, la salud y la vivienda como cortinas de humo. Los sindicatos de pantalla COFE y el SUNCA piden mayores recursos en la próxima Rendición de Cuentas, porque no quieren hacer el ridículo que sus dirigentes les hacían hacer en otra época, en donde salían a protestar y acampar y a movilizarse en torno al Palacio Legislativo, justamente en el año electoral, cuando la Constitución, precisamente, prohíbe incrementar el presupuesto. Movilizarse por aumento presupuestal en el año electoral, era la idea fuerza que le venía a las maravillas al partido comunista, socialista y sus alrededores para que quedara claro fehacientemente, en gente ignorante de la Constitución, lo malo que son los blancos y los colorados. Hoy reclaman en la última rendición antes del año electoral, pero se comportan como si las rendiciones anteriores no hubieran existido. Saben que el gobierno no les puede dar nada por otra causa diferente: Darle a uno, por más razón que tenga, es prender la mecha del barril de todos los reclamos. Es iniciar la puja distributiva que como hemos visto claramemente en el manejo que hace el Frente, termina siendo una lucha de pobre contra pobre.
          Ahora son gobierno y no los unifica un enemigo externo sino la fiebre de cargos. Lo de Amodio, pero sin armas, es un poroto al lado de las pujas sindicales que los partidos, comunista y socialista, libran. No se trata hoy de matar físicamente a otra persona, sino de lincharlo políticamente en la interna. La técnica es muy simple y consiste en decir: “Este es un gobierno muy bueno que ha logrado avances importantes. Queremos profundizar los cambios y dar un paso más.” Y allí empieza la rebatiña entre los quedantes –los que quieren quedarse- y los profundizadores, los que están para más.
        Los quedantes miran para atrás y se adjudican todo, incluso lo que antes les criticaban a los partidos tradicionales, los profundizadores también miran el pasado y dicen que por eso mismo hay que seguir avanzando.
        Cuando vemos alguien del Frente Amplio que discute con los partidos tradicionales, a buen seguro, es un quedante, en cambio si vive de internismo a los codazos, es un profundizador.
        En todos los temas no económicos, como son las cuestiones del aborto o del matrimonio homosexual, ganan los profundizadores, pero cuando se entra en economía, ganan siempre los quedantes y si en algún tema se cuela el profundizador inmediatamente dan marcha atrás.
        El profundizador de hoy, se sabe, es el quedante de mañana y se dan situaciones en donde, por ejemplo, el Partido Comunista, quedante en la Intendencia con brutales conflictos sindicales contra él, como si fuera un habitante aéreo es profundizador en todos los demás lados. El partido socialista, quedante en el gobierno anterior, resulta que ahora es profundizador y como no quiere problemas económicos con Vázquez se limita a criticar “el consumismo”, perdiendo de vista que si la gente no consumiera, tampoco habría trabajo.
        El profundizador, cuando entra en rebatiña interna con el quedante por cuestiones presupuestales, si bien se descuelga con un despropósito, tiene un mérito: Pone el dedo en el ventilador.
        Es lo que está ocurriendo ahora.     
       El planteo de aumento de impuestos a las empresas y la rebaja del IRPF que impulsa COFE surge del Centro de Estudios José D`Elía y del sindicato de la construcción (Sunca). Están muy contentos porque el SUNCA alcanzó la cifra de 40 mil afiliados, COFE tiene 23 mil. El SUNCA cuando moviliza logra 20 mil activistas y COFE cuando decreta paro general tiene uno de los más grandes record de acatamiento. Eso les da una fuerza muy grande cuando se sientan a discutir.
        La Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), como vimos en el post anterior se pliega al reclamo y pide más espacio fiscal con los mismos propósitos.
        Alfredo Asti de Asamblea Uruguay les dice que: “a veces resulta tentador decir que un aumento de impuestos financia tal cosa, sin mirar los efectos deseados y no deseados que puede provocar una modificación tributaria".
        La propuesta está siendo analizada en el marco de una discusión programática. En la rara jerga a las que nos tiene acostumbrado el Frente Amplio, cuando una discusión es programática cambia de ámbito, deja de ser puntual y se convierte en central. Si es puntual es para esta Rendición de Cuentas, pero si es central, o sea, programática, es un tema para el próximo gobierno.
        Como Asti razona centralmente en términos programáticos no discute el reclamo concreto y entonces dice que el aumento de impuestos puede ser a veces "peor remedio que la enfermedad", considerando que es un tema delicado que debe analizarse con tiempo suficiente y no se puede "cobrar al grito".
        El diputado Víctor Semproni –ex sindicalista- (Espacio 609) dice que no está de acuerdo con el incremento de impuestos durante este gobierno, porque hubo una promesa electoral de la coalición de no realizar cambios y dijo que si es necesario subir los tributos se deberá instrumentar en el próximo período. Sobre los reclamos sindicales, venimos a enterarnos por  Semproni, algo que hubiese sido mejor saberlo antes, que las partidas que fueron asignadas y no utilizadas pueden ser ahora redistribuidas.
        Mientras apagan la mecha de la bomba de tiempo que tienen por delante, producto de haber agobiado impositivamente a la población para el más absoluto y descarado gasto público, la Comisión de Programa de Economía de esa fuerza política, echa humo y en un documento dice que: "existe una idea no consensuada sobre la posibilidad de aumentar la base impositiva; dentro de los que la entienden viable no existe acuerdo sobre el volumen del aumento posible ni tampoco sobre cuáles deberían ser las innovaciones en la estructura de los impuestos”. El tema de fondo es que no saben a quién meterle la mano en el bolsillo y empiezan buscando ver si pasan de impuestos directos para disminuir los tributos indirectos a otras medidas como la desaceleración de los ingresos de capitales, con impuestos a las transacciones financieras, la colocación de tributos a las exportaciones de algunos bienes (por ejemplo de granos), la generación de un Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE) de carácter progresivo y la suba de impuestos a bienes suntuarios.
        Aquí se ve con nitidez el penoso esfuerzo que tienen que hacer desde el gobierno los que piensan que decir que dos más dos son cuatro es cosa de reaccionario o derechista, pero también se ve claro, a donde vamos a ir a parar con un próximo gobierno profundizador.

martes, 4 de junio de 2013

El despiste de la OPP



        En un momento en donde la economía uruguaya comienza a desacelerarse pese al hecho de seguir estando en una burbuja, a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) no se le ocurre idea más brillante que incrementar la presión impositiva.
        Si se tiene en cuenta que estamos en un país que es el Décimo Séptimo en retraso cambiario y el más caro del mundo, cualquiera entiende que la presión fiscal se ha de transferir al mercado. Si a eso se le agrega la situación argentina con el dólar en caída y la peregrinación -500 mil uruguayos comprando allí y desquitando el pasaje-, es fácil entender el despiste que tiene el subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Jerónimo Roca.
        Si no pueden aumentar la eficiencia de la recaudación, porque según dice  la Dirección General Impositiva (DGI) y del Banco de Previsión Social (BPS) tienen niveles muy bajos de evasión, es evidente que están pensando en otro manotazo al esfuerzo y el trabajo ajeno. Siempre con la misma retórica, “los pobres”.
        El manido “callejón fiscal” es en este momento un callejón electoral. Todos hemos visto cómo pese a la decisión de dar el 4,5% del PIB a la educación, ésta empeoró como nunca antes en nuestra historia. El estrés sobre el presupuesto disponible está en ese clientelismo insostenible con que se encubren las políticas mal llamadas sociales.
        Este gobierno no tiene ningún interés en la salud, la vivienda y la educación sino en encubrir de retórica oleskiana la más furibunda voracidad fiscal. Quiso ponerle la mano en el bolsillo al agro, en el marco de la revalorización de la tierra, en donde el promedio del precio de la hectárea en 2002 era de US$ 385, y trepó de allí en 2011 a US$ 3.196, y como la Suprema Corte de Justicia le puso un límite, ahora están desesperados viendo a quien le sacan.
        La tierra se revalorizó –es lo que el gobierno no quiere ver- no sólo porque mejoraron los ingresos a nivel de la producción y de las rentabilidades de la mano de la mejora de los precios del mercado internacional de la mayoría de los productos agropecuarios, sino porque Néstor  Kirchner, con las retenciones al agro argentino le quitó toda previsibilidad y rentabilidad a la tierra y los productores huyeron en estampida al Uruguay comprando y alquilando tierra. Fue tan torpe lo de Kirchner que, los productores agropecuarios de la vecina orilla afincados aquí, comenzaron a vender aprovechando el cupo argentino. Ese es el trasfondo de que  la superficie de tierra negociada equivalga a los departamentos de Colonia, Soriano, Río Negro, Paysandú, Salto, Artigas, Flores y San José, con 31.000 operaciones de transacciones, en total 7 millones de hectáreas por un monto de 9 mil millones de dólares. Eso en un país como el Uruguay en donde los productores deben pagar el 25% sobre la renta, además de otro 10% de aporte jubilatorio, tasas para la lucha contra la aftosa, el Instituto Nacional de Carnes y el destino de fondos para viviendas rurales. Algo similar, pero con inversión uruguaya ocurrió en Paraguay,  en donde el ganadero paga Imagro, o en algunos casos Iracis y la carga no llega al 10% en total. Con la tierra a razón de U$S 20 (veinte dólares) por hectárea hace 20 años atrás, pasando hoy a los U$S 400 (cuatrocientos dólares), con un impuesto a la tierra irrisorio que significa el 0,04 por ciento del Producto Bruto Interno, -la tierra tributa el 0,2 del valor fiscal del inmueble- hizo que hoy los uruguayos exploten el 12,5 por ciento, de las tierras guaraníes, el equivalente a 2 millones de hectáreas.  
        En el caso nuestro, nunca Uruguay se vio más favorecido como cuando Néstor Kirchner corta el puente y expulsa a los productores rurales de Argentina. Si con Hernandarias vino la ganadería, con los Kirchner la agricultura, dicen medio en serio, medio en broma los analistas. Lo que está indicando que el camino fiscal correcto es exactamente el inverso al que se pretende recorrer. Lo único que hacen es desincentivar el trabajo productivo. En el caso paraguayo porque la tierra es muy barata y tributa poco van cada vez más inversionistas interesados en apostar a la producción en el Chaco, en un contexto en donde el precio de la tierra se ha venido incrementando en torno a un 20% anual en la zona de la Región Occidental. Los insumos son más baratos y el precio final de la carne es el mismo que el de Uruguay. Eso hace que en el Uruguay la producción de carne por hectárea sea de 100 kilos, mientras que en el Chaco, es de 160 o 170 kilos por hectárea.
        Paraguay crece en la ganadería por la mala política fiscal uruguaya, y Uruguay en la agricultura por el agobio impositivo que sufren en su país los argentinos.
        En este panorama regional, que a nadie pasa desapercibido porque la mejoría de la campaña ha sido pese a lo caro que es el Uruguay, algo notorio y visible, -gracias al desaguisado kirchnerista y la demanda de commodities a nivel mundial-, la señal que da la Suprema Corte de Justicia es más política que otra cosa, significa hacer valer las garantías del contrato.
        Hace 50 años atrás vivíamos en una nebulosa intelectual, entre el desarrollismo como política, los mercados diferenciales keynesianos –para los pobres un tipo de producto, para los ricos otro-, la teoría de la dependencia, la visión mítica de la planificación central como una panacea de eficiencia administrativa, los cambios múltiples –en el oficial el dólar una cosa, en el negro otra-, el control de precios, la policía económica, la sustitución de importaciones y demás. No se le puede reprochar nada a aquellos hombres, porque no se sabía entonces cómo se genera riqueza. Haber pensado en aquella época como piensa Jerónimo Roca, no tiene nada especial, malo es   pensar así hoy, cuando se sabe a ciencia cierta, lo que hay que hacer y lo que no.
        No se dan cuenta que es una ley de la economía: a mayor presión, mayor evasión y menor inversión y rentabilidad.

domingo, 2 de junio de 2013

Sobre lo que significan los frentes en política


En política existen tres herramientas básicas para actuar. Los movimientos, los partidos y los frentes.
        El movimiento lo que busca es unificar la orientación en un tema específico: movimiento ecologista, movimiento feminista, movimiento por la tierra, movimiento independentista y demás. El movimentista no le pide al hombre de partido que deje su filiación. Si no que coincida en eso que a él le preocupa.
        A su vez los movimientos son heterogéneos políticamente en su concepción general. No tienen teoría del estado y si la tienen, como en los movimientos independentistas lo es pidiendo, desde la colonia, las mismas prerrogativas de la metrópoli.
        El movimentista hace de ese único tema su exclusiva razón de ser. Cuando las mujeres lograron mayor participación política y comenzaron a ocupar lugares cada vez más importantes en las instituciones, el feminismo hizo crisis. Logrado su objetivo –mayor participación para las mujeres-, que ocupen mejores y más altos lugares, no alcanzaron que por esa causa tengan que ser feministas.
        Existieron movimientos que hoy nadie concibe que eso pudiera ser un motivo para la acción política. La psiquiatría por ejemplo. En Ciudadanos y Locos: Historia Social de la Psiquiatría, Klaus Dörner, demuestra que la psiquiatría moderna es hija de un movimiento que nace con la Revolución Francesa, consistente en quitarle “al hombre las ataduras de la alienación mental”, permitirle que rompa “con sus cadenas”, era la consigna general de aquel entonces y la psiquiatría era el movimiento para “liberar al hombre de las ataduras mentales”. Según Klaus Dömer, la psiquiatría se traicionó a sí misma en el momento en que se convirtió en disciplina científica, porque a partir de ese instante le fue más importante tratar de comprender al alienado mental con los métodos de la ciencia, que de hacer humanamente algo por el individuo. Machado de Asís, es quien muestra con mayor precisión esta realidad en “El Alienado”, en donde vemos el psiquiatra clásico completamente deshumanizado en la comprensión cientificista y biologisista de cada cosa que ve. Es incapaz de actuar, solo comprende, analiza durante el día y escribe interminablemente lo que ve durante la noche. Cuando se ve obligado a actuar es totalmente primitivo y bestial.
        Dejando a Klaus Dörner y su opuesto la anti-psiquiatría de Laing y Cooper, como reacción a los que le negaron el carácter de movimiento que tuvo al nacer, nunca nadie más que yo sepa, exceptuando el tango de Ferrer, “Balada para un loco”, reivindicó este aspecto de las cosas como un motivo para la acción política.
        El movimiento ecologista, nace como reacción ante las tecnologías no sustentables en términos ambientales. Va de posiciones místicas –la personalidad telúrica de la tierra- a planteos netamente anti capitalistas. No logra, ni puede alcanzar el objetivo de cambiar el modo de producción existente, sino pequeñas conquistas en lo que antes se llamaba la seguridad industrial y las condiciones ambientales de trabajo.
        Esto indica que los movimientos naciendo con un objetivo específico tienen destinos diferentes: o mueren en “la ciencia” como la psiquiatría, o triunfan y por ende desaparecen, como el feminismo, o son una perpetua idea fuerza por el mejoramiento de las tecnologías que se usan para producir respetando la bio diversidad ecológica.
         Con los movimientos de liberación nacional ocurre lo mismo, pero en forma más patética.
        El ejemplo más ilustrativo es el de Argelia.
        La colonia se vuelve “nación” en el papel y semi colonia en la realidad. Y esto es así porque las relaciones de comercio exterior son implacables. Liberados se inicia un proceso de purga interminable en el Frente Argelino de Liberación, en donde los únicos que sobreviven son aquellos que están ligados al comercio exterior. No se salva ni Ben Bella. Lo que está indicando que más que Condenados de la Tierra, como veía Frank Fanón, estaban condenados a la rebatiña interna por el botín semi colonial.
        Los movimientos de liberación, cualquiera de ellos, adolecen de una falla básica: No se lucha por la liberación, se lucha por la libertad. Como decía José Ingenieros en El hombre mediocre, nunca fueron libres y cuando les fue bien, cambiaron de amo.
        Liberación es una palabra que viene de la resistencia francesa. Los desengaños y las amarguras terribles que tuvieron luego los maquis, es la clara señal que no se puede dar por el pito más de lo que el pito vale. Liberarse, me dice mucho de lo que se deja atrás, pero no dice nada de hacia dónde se va.
        Luego del mayo del 68’ el concepto de liberación se amplifica abarcando todo tipo de cosas. Cualquiera entiende que se pueden inventar movimientos por cualquier cosa: Por ejemplo, Movimiento de Liberación Nacional y Social y por qué no dice: de liberación económica, si fue por razones económicas que a la Metrópoli más le valía tener una semi colonia que una colonia propiamente dicha. Existió proceso de descolonización en marcha, como decía Nikita, no por todo eso horrible, humillante y lesivo que dice Albert Memmi en Retrato del Colonizado, sino porque se vivía mejor en la Colonia que en la Metrópoli, a expensas del contribuyente metropolitano. No era, ni es hoy rentable sostener una Colonia.
          Lenín decía una cosa sobre el infantilismo revolucionario. Trotsky decía otra. Infantilismo, sostenía, es hacer de una sola consigna y nada más que de eso solo, lo fundamental de una revolución. Desde este punto de vista el infantilista no es el apresurado, el que quiere todo ya, sino quien toma un solo aspecto y hace de eso un centro con prescindencia de lo demás.
        La psiquiatría como movimiento de liberación mental, era un infantilismo, por eso degeneró en ciencia pura, lo mismo el feminismo y el ecologismo. La gran pregunta que se hacían los analistas políticos en Europa, cuando observaban el proceso que seguía África era la siguiente: Se liberaron, tomaron el poder ¿Y ahora qué? Aquella película clásica, Queimada de Gillo Pontecorvo, protagonizada por Marlon Brando es un manual de lo que le ocurrió a Centro América y las Islas del Caribe. El estatuto colonial sigue intacto, pero sustentado ahora por la legitimidad de origen y de ejercicio que le da, la autonomía de un Estado Nacional concebido en términos del Código napoleónico.
        Aquí se ve claro lo que ha ocurrido. El anarquismo de principios de siglo fracasa no porque fueran cabezas campesinas desclasadas calenturientas a lo Bakunin o principistas a lo Proudhon o aristocráticos como el Príncipe Piotr Kropotkin. Tampoco como creía Lenín, porque le hacían el juego a la burocracia tratando de achicarla sin darse cuenta que es allí –al reducirse- cuando la burocracia es más poderosa. La burocracia no existe porque hombres muy malos y perversos dirijan la sociedad desde una oficina mirando en abscisas y ordenadas todas las cosas y tomando decisiones. La burocracia –tampoco es trabajo improductivo, como creía Marx- por el contrario, es un servicio, la burocracia es una de las tantas formas de organización social que existe, porque el control de lo que se produce así lo exige.
        Hoy por ejemplo, la burocracia clásica es obsoleta y existe la tecno burocracia operando en tecno estructuras mega tecnificadas. Lo que está indicando que la lucha contra la burocracia, nunca justificó un “movimiento libertario”.
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        Cuando Marx escribe el Manifiesto Comunista no tenía en su cabeza formar un partido. En ningún momento aparece en su obra el concepto de partido. Lo que reivindica es el movimiento comunista que empieza a darse después de la Comuna de Paris de 1848. La gente en aquella época decía “se viene un 48’” como diciendo que se estaba en las puertas de una gran revuelta.
        No vino un 48’ pero vino un 71’. Marx se ve obligado a disolver la Primer Internacional porque esa situación de descomposición semi feudal y bandolerismo generado por el desclasamiento de las masas campesinas, le impide organizar algo coherente.
        Es Lenin quien teoriza sobre la necesidad de un partido para que no ocurra eso. Hoy la ciencia política, cuando aborda la teoría del partido, lo adopta a Lenín en su totalidad, sin nombrarlo. Lo mismo ocurre con los manuales de psico política francesa: Ven lo que ocurre en Europa después del 17’, pero no interpretan lo que sucedía porque no entienden en que se basaba lo de Lenín.
        Lenín no escribía para afuera. Son muy pocos los textos escritos para el lector común: El desarrollo del capitalismo en Rusia y el Imperialismo Fase Superior del Capitalismo, el artículo para la Enciclopedia Granate,  más las editoriales de Iskra –chispa en ruso- primero y el Pravda –verdad en ruso- después. Exceptuando eso, todo lo de él, es material organizativo interno, pero todo eso no se conocía en aquella época y se comenzó a leer luego de la caída de Stalin.
        Lenin organiza el partido, desde la clandestinidad, con la misma filosofía política con la que luego piensa organizar el Estado en su conjunto. Era abogado y esa es la causa por la cual, entre nosotros, los abogados de presos políticos están en una rara e incomprendida ultra izquierda. Son los únicos que leen a Lenin.
        El partido leninista, no es como creía Curzio Malaparte, putchista y militarista. Jugó a eso cuando le vino bien en un momento de descomposición social generado por la guerra del 14’. El partido para Lenin, es el factor consciente, subjetivo: Dirección, Organización, Consciencia y Voluntad. Cuando toma el poder los demás lo acusaban de bakuninista, por el voluntarismo con que encaró las cosas. Probablemente fuera como decía Trotsky “el prototipo de hombre caucásico humillado”, un pasional metódico, un experto en derrotas que se sabe al dedillo el fracaso de todas las revueltas, pero no sabe cómo revertir la masacre de 1905 y por la forma de hablar, lenta y pausada “un burro de mirada perdida, que ve más lejos”.
        Lo que Lenin viene a generar es la consciencia de una necesidad y así como Descartes decía que no conocía reloj sin relojero, Lenin dirá que no conoce práctica revolucionaria, sin teoría revolucionaria. Ese es el fondo del leninismo.
        Cuando analizamos el pensamiento de Antonio Gramsci, y en esto el que habla claro es Rodney Arismendi en la Revista Estudios, no estamos delante de un planteo alternativo al leninismo, sino de una amplificación de horizontes en aquellos temas que Lenin por el apremio de las circunstancias que vivió, no tuvo tiempo para desarrollar.
        El Euro comunismo quiso vender un Gramsci opuesto a Lenin, quiso, por ejemplo hacerle creer a la juventud que los “Manuscritos Económicos filosóficos de 1844”, de Marx, era algo muy distinto a lo que luego desarrolla en “El Capital”, quiso hacer creer que Gramsci era una especie de social democratizado, cuando todos sabemos que si Gramsci no hubiera muerto en la cárcel, hubiera también marchado a una purga por ultra.
        El centro de lo de Gramsci está acá: El partido, como lo concibe, no deja de ser obrero, sino que le pide al intelectual “organicidad”. Para él, “Todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres juegan en la sociedad el rol, el papel del intelectual”. El mismo Gramsci decía que él leía a Lenin y Trotsky porque solamente allí encontraba lo que necesitaba. Es evidente que de economía no entendía nada, ni tenía una caracterización de política internacional. El sardo, era un autodidacto que se formó políticamente en las contingencias de una época muy movida. El Gramsci ingenuo de juventud, el justiciero, se convierte en el socialista, el hombre que quiere el bien y luego de las Tesis de Abril en el fundador del Partido Comunista Italiano. Cuando matan a Mateotti, allí comprende que hay que tomar las armas, compra una pistola y se pone a leer a Louis Blanc, el hombre más violento de la Comuna de París de 1848. Lo que está indicando que el diversionismo intelectual y el diletantismo del ajetreo político italiano lo subsumieron y le impidió “el análisis concreto de la situación concreta”, como pedía Lenín en aquella época. Como me decía una psicóloga hace muchos años, “una cosa es ser culto y otra a culturado” y yo me quedé pensando, Gramsci no era un hombre culto, sino un a culturado, culto es otra cosa. A culturado, decía ella, es el hombre que la vida le dio una paliza cultural y lo peloteo desde todos los ángulos, culto es aquel que estudia afincadamente en un tema hasta darlo por concluido.
        Al Eurocomunismo le venía bien, muchos años después, porque era una víctima del fascismo  que planteaba temas nuevos y les permitía, como se dice vulgarmente “sacarle el culo a la jeringa” en un momento en donde la ex Unión Soviética les pedía a los demás que no los imiten, que hagan algo propio porque no los iban a ayudar. “Hay que agudizar el ingenio” decían los ex soviéticos desde Editorial Progreso Moscú.
        En lo de Gramsci hay un hecho que es real en política: No se filosofa en abstracto como los griegos en el Partenón –el Parlamento de aquella época-, la política exige una filosofía de la praxis. Praxis quiere decir teoría y práctica todo junto a la vez. En política para poder intervenir se necesita cotidianamente un nivel de discusión interna constante sobre los más diversos temas.
        En el caso del Frente Amplio uruguayo, lo que les ocurre es porque no discuten políticamente, sino administrativamente. Si tuvieran el nivel de discusión que pide Gramsci, en donde el partido, como pedía él, “es el intelectual de la clase” hubieran ido más lejos que a donde fueron. Si así no fue, es porque no les da la capacidad.
        Cuando Constanza Moreira dice que la gente de la cultura en el Uruguay construye izquierda, pero no Frente Amplio, sabe lo que dice.
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        Si un movimiento es la voluntad por hacer entender una idea fuerza y un partido la forma de intervenir institucionalmente, los frentes en cambio se construyen para necesidades específicas y concretas.
        Por ejemplo, si leemos el Qué hacer de Lenin, entendemos que era cualquier cosa, menos frentista. Nunca Lenin iba a hacer un frente con hombres como Martov, “el liquidacionista en nuestras filas”. Es más, se fue de la socialdemocracia alemana “porque hubieron razones para estar y también para irse”.
        El primer frentista es León Trotsky. En un momento “de regresión colectiva” que conducía a un estado de ánimo proclive al fascismo, Trotsky plantea “un frente único antifascista”. En el año 20’ Inglaterra perdía el Imperio y se desata una guerra de rapiña por los mercados. Rusia sufría “el cerco capitalista”.
        En ese proceso España se vuelve el teatro de operaciones de todas las fuerzas que intervenían en Europa en ese momento. Desde Bulgaria que era donde Lenin tenía los contactos clandestinos más importantes para distribuir sus escritos y gente obsecuente y fiel en términos absolutos, Dimitroff toma la idea de Trotsky y le da otro carácter al concepto de Frente Popular.
        Para Trotsky un frente quiere decir “marchemos separados, pero golpeemos juntos contra el enemigo fundamental”, para Dimitroff es otra cosa: Es una alianza de convivencia privilegiada con el partido socialista. En buen romance, convive haciendo entrismo y reclutando gente.
        Dimitroff escribió “Problemas del Frente Único” para pedirle al partido comunista internacional, paciencia, comprensión y mucha tolerancia con los socialistas. No insultarlos, no decirles “reformistas”, entender que socialismo es una etapa, comunismo la que viene. Lo que Dimitroff no contempla en el contexto de aquella época era el hecho de fondo: la masa no era socialista, ni comunista, sino anarquista y era Lenin quien sostenía que pulverizar al anarquismo es fácil en el papel, como difícil discutir con ellos en la realidad. Lenin nunca pidió una alianza con el socialismo, sino saber ganar aquel sector de anarquistas que se va volviendo consciente, “maduro” para mejores embestidas. De lo más granado, lo ganado, decía, queriendo significar que era hacía allí a donde había que apuntar el reclutamiento.  Cuando se logra comprender no una, sino todas las derrotas sindicales, decía Lenin, es cuando el hombre se vuelve consciente de lo que ocurre a nivel general.
        La Guerra Civil Española es un claro ejemplo de esta situación trágica.
        En otra constelación de cosas, lo de Allende, no escapa a esta realidad, porque si bien es cierto que ya no es el anarquismo clásico el que le genera problemas a un gobierno de izquierda, son posiciones basistas, en el fondo anarquistas sin saberlo, las que tanto desde el partido comunista, como el socialista le piden irrealidades a un gobierno que avanza, con “resquicios legales” sin respetar la propiedad privada.
        Más allá de eso, los frentes en política no se hacen para quedarse así toda la vida y decir “soy frentista”, como quien defiende una dimensión superior de idealidad política, los frentes se hacen ante una situación dada para enfrentar y resolver una prioridad que a diversos partidos le resulta fundamental: la reconquista de la democracia por ejemplo, sin la cual ninguno de ellos tendría un sentido al existir o la lucha contra un enemigo común que quiere aniquilarlo a ambos “en etapas”.


        Para terminar quiero decir una serie de cosas:
        Lo dije en un foro del partido colorado. Lo que se necesita es una alianza privilegiada entre el Partido Nacional y el Partido Colorado, basada en la comprensión de un hecho básico que se puede resumir así: “Marchemos separados, pero votemos juntos a favor de una ciudad más limpia”.
        Ahí opina gente de todo tipo. Incluso energúmenos de ultra izquierda que los insultan y les dicen de todo. Borraron mi opinión. No creo que haya sido Amado.
        No les gustó la consigna porque entienden bien como son las cosas en política. Temen perder identidad, lo entiendo. Es un riesgo que hay que calcular y sopesar. De pronto es entrar en un juego peligroso que conduce a donde no se quiere ir.
        Hoy se está tomando consciencia de este hecho de alcance y estatura estrictamente municipal, por un hecho muy simple. El Uruguay se gobierna desde la capital que es quien concentra la mayoría de la población, no porque se subestime al hombre de campo y sus necesidades, sino porque no puede ser de otra forma. El que gana la capital obtiene una cuota de poder que es privilegiada a la hora de hacer las políticas generales.
        Montevideo hoy es una cueva de malvivientes y ya no tienen el argumento de una supuesta “herencia maldita”, cuando recibieron la Intendencia con superávit y hoy es deficitaria con todo agravado.
        Es algo que rompe los ojos.
        El batllismo, aunque sea poco políticamente hoy, tiene mucho que aportar, porque Montevideo la hizo el Partido Colorado y la fuerza que puede a nivel nacional tener la repercusión de devolverle al Uruguay su institucionalidad, hoy, por diversas causas, es el partido nacional. De modo que no se ve la razón por la cual, los que queremos salir de esta pesadilla que conduce a lo de Chávez, no podamos saber combinar ambas cosas y votar en las elecciones municipales lo esencial: Restituirle a Montevideo, “La Coqueta”,  el lugar limpio y sano que debe tener.
        Vamos a no ser ilusos en política. Por favor. El Uruguay siempre tuvo frentes diversos. Tradicionalmente eran más las coincidencias entre un batllista y un nacionalista independiente que entre un batllista con un riverista y un nacionalista independiente con un herrerista. Eran más los puntos de contacto entre un herrerista y un riverista que entre cualquiera de ellos con otras tendencias de su partido.
        El mismo Luis Alberto de Herrera, nuestro caudillo inmortal, sostenía que ya la cuestión no es entre blancos y colorados, sino decía “Entre los que son nacionales, porque quieren y merecen serlo y entre anti nacionales o porque no lo sienten o porque no les conviene”.
        Algo me dice, que a trancas y barrancas, por ahí va la cosa.